Opinión

Vienen efectos desconocidos y aterradores

 
1
 

 

Tierra

Difícilmente nos interesamos por aquello que pareciera no nos afectará o que consideramos remoto; de ninguna manera somos solidarios con aquello que solamente en forma referencial nos pueda afectar. Y esto viene de la experiencia de saber que jamás se es tan inteligente como a posteriori.

¿Tenemos la inteligencia para saber si eso que vendrá está en nuestras manos corregir? Si en lo individual es muy difícil, en lo colectivo es imposible. La Organización Mundial de Meteorología (OMM) acaba de lanzar una seria y hasta dramática advertencia: si no logramos detener primero y revertir después la cantidad de gases que producen el efecto invernadero, el cambio climático puede tener consecuencias inimaginables. Y eso ya está aquí, lo acabamos de pasar con el monstruoso huracán llamado Patricia, que nos tuvo en vilo durante tres días bajo una amenaza singular que afortunadamente se disipó. Esto no es así en el norte de China, que ha registrado inusitados niveles de contaminación.

Las provincias de Jilin y Laoning han tenido cotas que han superado los mil miligramos de concentración por metro cúbico y tan dañinas que pueden penetrar directamente a los pulmones. Esto significa 56 veces la media que recomienda la Organización Mundial de la Salud situada en 25 microgramos por metro cúbico. La visibilidad, lo mismo que en Beijing fue menor a 100 metros de distancia. Bueno, eso pasa allá en China, ¿qué nos puede importar?

Nada si no supiéramos que es el mismo planeta y que en el hemisferio norte –donde estamos–, en 2014 la concentración atmosférica de CO2 alcanzó 397.8 partes por millón (ppm) y en lo que va de este año ya han rebasado los 405 ppm en primavera. Falta saber cuánto ha aumentado en los días que vivimos. Seamos más explícitos, entre 1990 y 2014, los gases de efecto invernadero provocaron que hubiera un 36 por ciento más de energía térmica en la atmósfera, lo que ha contribuido al calentamiento global de modo importante.

Michel Jarraud, secretario general de la OMM, al presentar el último informe ha dicho: El ritmo se embala, la curva no es lineal sino que se ha acelerado en forma exponencial. Las consecuencias ya las vemos: ciclones, huracanes y tifones más fuertes, grandes y poderosos cobrando más víctimas y creando problemas para los que no estamos preparados para enfrentar. De continuar como vamos sin prestar atención a la mayor presencia de gases en todo el mundo, con una indiferencia que sólo se rompe en congresos, reuniones y declaraciones intrascendentes, el porvenir, literalmente puede ser negro. Michel Jarraud advierte sobre lo que debiéramos saber y proceder en consecuencia: “Hoy avanzamos como si estuviéramos ciegos, hacia un territorio desconocido, a una velocidad sin precedentes y con consecuencias aterradoras; las concentraciones de gases alcanzan hoy niveles que no han existido en la Tierra desde hace más de 800 mil años e incluso hace más de un millón de años”. Los efectos ya son vistos todos los días en cualquier parte: mares con oleajes inusitados, sequías donde antes llovía, huracanes constantes, deshielo en los polos, vientos fortísimos, tornados implacables, calores abrumadores, caída de nieve en lugares calientes y hasta desérticos, falta de agua donde antes abundaba, cataclismos.

Es innegable, la mayor presencia de gases provoca aumento en la temperatura y origina cambios hídricos, aumento considerable de olas de calor, inundaciones constantes, desbordamientos de ríos, tibieza en los océanos que provoca todo tipo de tornados que arrasan con ciudades enteras y destruyen campos de cultivo. ¿Estamos ante una energía de la desesperanza; hay un precio que pagar porque algunos países han alcanzado un grado relevante en su desarrollo? Todo indica que eso es lo que ha pasado. Mientras grandes franjas de la población mundial no tienen lo necesario, la abundancia de otros castiga a todos por igual, especialmente a quienes no tienen refugio sólido, alimentación garantizada y porvenir más o menos asegurado.

Continuemos con la carrera de armamentos, que predominen los interés geopolíticos, sigamos con prioridades absurdas y mezquinas contemplando nuestros propios problemas como si fueran lo más importante; vaciemos nuestra energía en lo intrascendente y olvidemos como siempre el interés general.

La inquietud y la preocupación no son ficticias, se desprenden de situaciones reales y crecientes a las que no incluimos en nuestra conciencia y si bien son graves, debemos armarnos de voluntad, que es lo que primeramente rehúsa toda fatalidad.

Twitter:@RaulCremoux

También te puede interesar:

¿Será esto un duro golpe al narco?

¿Verdad que es rete difícil aceptarlo?

Por supuesto, esos crímenes quedarán en la impunidad