Opinión

Viene la tragedia 

 
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Donald Trump, presidente de Estados Unidos. (Reuters)

El martes por la noche, el presidente Barack Obama se despidió en la ciudad de Chicago. El miércoles por la mañana, el presidente electo Donald J. Trump ofreció su primera conferencia de prensa en casi un año. El contraste es notorio y deprimente.

Barack Obama ha sido uno de los presidentes con mayor capacidad oratoria de las últimas décadas, no sólo de su país. Hace poco más de ocho años, este columnista apostaba por la vocación transformadora y las promesas de esa oratoria. Ahora da un poco de tristeza. En esos más de cien meses, Obama no supo, no quiso o no pudo hacer realidad las promesas tan excepcionalmente proferidas. No sólo eso, sino que regresó a ellas, cuando ya no hay posibilidad alguna de hacerlas realidad. Aunque siempre ofreció una postura por encima de los partidos, actuó de manera facciosa, incluso dentro del propio; aunque propuso construir la paz, e incluso recibió por ello el Premio Nobel, deja un mundo más complicado del que recibió. Sí reconoció no haber comprendido la situación de la clase trabajadora, especialmente la de los “blancos” del noreste de su país, en donde perdió la elección.

Ayer por la mañana, Donald Trump ofreció, por fin, una conferencia de prensa. Nada comparable con la retórica de Obama. Trump es un personaje de vocabulario escaso, y que sólo transmite una única sensación: abuso. Ya alguna vez lo dijimos, pero vale la pena repetirlo: es un patán misógino, ególatra, abusivo y tramposo. No tiene capacidad alguna de argumentar, sino sólo de amedrentar, y así fue su intercambio con los medios estadounidenses. A CNN, que publicó poco antes información acerca del affaire Rusia, decidió no tomarle preguntas. No sólo eso, sino que con toda claridad dijo que lo hacía porque esa cadena da “noticias ficticias” (fake news). A los demás les contestó lo que quiso, en muchas ocasiones respondiendo con preguntas retóricas. Terminó haciendo referencia a sus familiares, que ha colocado en puestos públicos, amenazándolos con la frase que lo hizo famoso en la televisión: “si no cumplen, ¡están despedidos!”.

Debe haberle sonado simpático, dada su reducida capacidad analítica, pero es un reconocimiento de corrupción: o se refiere a los familiares que contrató en la Casa Blanca, y eso es nepotismo, o se refiere a los que encargó los negocios familiares, y eso es conflicto de interés, puesto que para poder despedirlos se requiere que siga siendo su jefe, aunque en diciembre había anunciado su retiro absoluto de esas empresas.

La situación es un poco más preocupante. En los días previos, como decíamos, CNN publicó información acerca del espionaje ruso y Trump. Ya está claro que Rusia sí intervino en la elección, a favor de Trump, y lo único que está en duda es si Putin y Trump lo sabían. Si ambos tenían información al respecto, lo de Trump es traición. Por eso su enojo, reflejado en un tuit escrito en puras mayúsculas, y en sus groserías con CNN en la conferencia de prensa. Más grave aún, Trump ha criticado públicamente a la comunidad de inteligencia de su país. No creo que algún presidente haya hecho algo similar en la historia moderna del mundo.

Donald Trump llega a la presidencia con una de las aprobaciones más bajas de la historia: CBS le da 32 por ciento, Quinnipiac 37 por ciento, NBC 40 por ciento, USA Today 4.1 por ciento, y PPP 43 por ciento. Ni siquiera su aliada Fox News le puede dar siquiera 50 por ciento de aprobación. Llega enfrentado con la comunidad de inteligencia y convierte su conferencia de prensa en un circo.

Sigo pensando que Obama no fue un buen presidente, pero lo de Donald Trump es realmente algo aparte. Una tragedia.

Profesor de la Escuela de Gobierno,Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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