Opinión

Viejos rostros,
mismos temas

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Obama y Putin vuelven a mostrar desacuerdo sobre cómo lograr la paz en Siria

Los encuentros entre líderes soviéticos y estadounidenses en tiempos de la Guerra Fría eran contados e inusuales. Se hablaba del famoso teléfono rojo entre el Kremlin y la Casa Blanca, pero rara vez se vieron a la cara.

Después del Kennedy-Krushev, durante casi 20 años los lideres de las dos más grandes potencias del planeta no se vieron a la cara ni se dirigieron la palabra más allá de los embajadores y ministros. Había siempre los llamados “back channels”, como México entre La Habana y Washington por años, antes de Fox y el desaire inolvidable.

Ayer se reunieron en Nueva York en marco de la Asamblea General de la ONU Vladimir Putin y Barak Obama en un espacio forzado, obligado por la neutralidad de Naciones Unidas, pero insubstancial por la imposibilidad de acuerdos y consensos.

Se aparecieron nuevamente las caras largas, las miradas esquivas, los gestos adustos de dos líderes mundiales que se niegan, se rechazan y tal vez, hasta se desprecian.

Es inolvidable las sonrisas y los sombreros al vuelo de la histórica reunión de Reykjavic en Islandia, cuando en 1987 el carismático Ronald Reagan consiguió arrancarle unas sonrisas a un Mihail Gorbachov poderoso y en ascenso, por lo menos, en unos pocos años más. Fue el primer acuerdo SALT de armas convencionales y transcontinentales, que daría inicio al sensible descenso de la carrera armamentista y la disminución de los arsenales nucleares.

A casi 30 años de aquello, estamos a años luz de distancia. Hoy no sólo la Rusia sucesora de la decadente URSS ha iniciado discreta y tímidamente la violación de aquellos acuerdos, sino que abiertamente discrepa y desafía a Occidente.

Cuando Boris Yeltsin llegó al poder de la Federación Rusa en 1991, ante la desaparición de la Unión Soviética, se convirtió en un líder dialogante, confiable, en quien Occidente podía depositar credibilidad y el avance de una serie de acuerdos.

A los funerales de Yeltsin acudieron una multitud de líderes mundiales, entre ellos varios expresidentes de Estados Unidos.

Putin es impredecible para Occidente. Representa al líder ruso antioccidente que a la población rusa gusta tanto por la percepción cultural de que Occidente (Europa y Estados Unidos) estará siempre buscando minimizarla, disminuirla, acotarla, reducirla. Putin representa ese nacionalista a ultranza, brutal, que no respeta el marco de derecho y que está dispuesto a lo que sea para preservar a la “Gran Madre Rusia” en el mundo.

El más delicado punto en conflicto hoy es Siria, un territorio arrasado por una guera civil en principio, por la oposición al régimen de Bashar al- Assad y su represión criminal a los disidentes. Siria ha sido por décadas aliado de Rusia, su bastión en el medio oriente cuando Estados Unidos sostenía amplios acuerdos y pactos con Israel, Jordania. Egipto y Arabia Saudita.

Pero los tiempos han cambiado y el surgimiento sangriento del Estado Islámico rompe con la lógica de la Guerra Fría porque no responde a nada más que a sus propias premisas. El califato, el control religioso total, la venta de esclavos, la restauración en suma de la Edad Media.

Obama intenta que Putin se comprometa a luchar contra el Estado Islámico y retirar su apoyo a Al-Assad como un paso indispensable para la pacificación de la zona. Putin es inamovible: todo sí, excepto tocar a Bashar.

La crisis migratoria que enfrenta Europa tienen su origen en los desplazados que provoca esa guerra fratricida. Uno de cada cuatro inmigrantes procede de Siria y de sus fronteras.

Es un tema que no tiene solución inmediata. Estados Unidos tendría que hacer significativas concesiones para que Rusia aceptara el tema sobre la mesa. Por ejemplo presionar a Europa a reducir sus sanciones comerciales y energéticas desde la invasión de Ucrania y la anexión de Crimea. Otorgar créditos, financiamiento abundante y sin condiciones para rescatar a una economía rusa en caída.

Se ven las miradas que no conectan, las palabras vacías y los saludos formales, carentes de conexión. Regresamos al pasado, que se hace presente inexplicablemente.

Twitter: @LKourchenko

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