Opinión

Videgaray y Trump

 
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Luis Videgaray. (Reuters)

El nombramiento de Luis Videgaray al frente de la Secretaría de Relaciones Exteriores es una reacción evidente a la elección de Trump en Estados Unidos y a las medidas anunciadas a través de las redes sociales por el presidente electo de la Unión Americana. Los contactos establecidos entre Videgaray y el yerno de Trump, Jared Kushner, y que llevaron a la visita del candidato republicano a México y como consecuencia provocaron la renuncia del entonces secretario de Hacienda, fueron determinantes para la toma de decisión de Peña, en un desesperado intento por buscar interlocutores efectivos con la nueva administración norteamericana.

Y es que en este periodo de transición entre la salida de Obama y la toma de posesión de Trump, este último ha jugado con una doble estructura de poder. La primera, ubicada en el círculo familiar donde Kushner y otros han recibido a representantes de distintos grupos de poder y negociado lo que podría ser un primer acercamiento con el presidente ya en funciones, y la segunda la institucional, a través del nombramiento de distintos funcionarios que deberán ser ratificados por el Congreso, lo que no será una labor fácil.

Este segundo bloque, formado por multimillonarios conservadores como Rex Tillerson, nominado para encabezar el Departamento de Estado, se ha tenido que enfrentar al discurso locuaz y provocador de Trump, contrario incluso a los intereses de los republicanos y también al bloque familiar que asume posiciones de mando sin tener autoridad legal para ello. Todo esto hace prever un enorme desorden en la toma de decisiones y un choque de poder entre la institucionalidad legal y el poder familiar en el cual Trump confía ciegamente. Es este poder dual al que Videgaray tendrá que enfrentar a partir del próximo 20 de enero, tratando de leer con mucho cuidado las señales de quién es el interlocutor real y qué es lo que se puede negociar con él.

La inexperiencia de Videgaray en el terreno diplomático es similar a la de sus antecesores Ruiz Massieu o Meade. Aquí lo importante es encontrar el hilo conductor que permita la comunicación con Washington, pero también con congresistas y sectores empresariales dispuestos a servir de contrapeso ante las ocurrencias de un hombre impulsivo, autoritario y profundamente ignorante como lo es Trump. En este sentido Peña se juega el todo por el todo con la carta Videgaray, el funcionario más cercano a él y en quien había depositado gran parte de sus esperanzas para 2018. Para el canciller, la posibilidad de volver a la lista de los 'tapados' depende de los resultados que presente en el corto plazo y la demostración de su capacidad negociadora en el complejo escenario norteamericano.

El daño que puede causar Trump con sus declaraciones ya ha quedado demostrado durante el inicio del año con el tema automotor. Más allá de si sus planteamientos se puedan o no llevar a la práctica, el poder que tiene la sola palabra del presidente del país más poderoso del mundo es suficiente como para afectar al mercado, tumbar monedas o asustar inversionistas. Es por ello que entre otras cosas quizá más importantes, Videgaray tendrá que negociar el silencio de Trump con respecto a México independientemente de lo que se acuerde en materia de comercio, seguridad, migración o muro fronterizo.

Hacer entender a Trump y su gobierno que México junto con Canadá son sus aliados principales en lo económico e incluso en el tema de la seguridad, es la tarea principal de Videgaray. Y en caso de lograrlo, podría acariciar la posibilidad de ser el candidato del PRI a la silla grande, dejando atrás el incidente que lo alejó del gabinete, convirtiéndose así en el político capaz de superar adversidades y darle la vuelta al rumbo negativo por el que camina el país.

Twitter:@ezshabot

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