Opinión

Videgaray, un secretario apostador

   
1
  

  

[Luis Videgaray, secretario de Hacienda/Cuartoscuro] 

La renuncia de Luis Videgaray era y es necesaria. Pero aun así sorprende. De hecho, el presidente Peña no cree que haya cometido ningún error y considera su salida como un sacrificio para aplacar al populacho.

Sin embargo, más allá de la visita de Trump, el saldo que deja Videgaray es negativo. Enumero: 1) pecó de soberbia y falta de ética cuando aceptó, siendo secretario virtual de Hacienda y el hombre fuerte del equipo del presidente electo, el trato de Malinalco que comprometía su gestión y honorabilidad; 2) diseñó y ejecutó una 'reforma fiscal'
–opuesta a la que Peña había defendido en campaña– golpeando a la clase media, las medianas y pequeñas empresas, así como a las clases populares –con el impuesto a la obesidad–; 3) incrementó el déficit fiscal sistemáticamente; 4) disparó la deuda pública, que supera ya 45 por ciento del PIB; 5) redujo el presupuesto en inversión; 6) el crecimiento acelerado jamás se hizo realidad; 7) prometió racionalizar y reducir el gasto público e hizo exactamente lo contrario.

Pero además, como hombre fuerte del gabinete, tuvo injerencia en el diseño y operación del Pacto por México y su poder fue mucho más allá del ámbito económico. Al respecto, se atribuye a Zedillo la frase: cuando la economía se manejó en Los Pinos fue un desastre, a ver cómo nos va ahora que Los Pinos se manejan desde la Secretaría de Hacienda.

La respuesta está a la vista. La popularidad del presidente Peña es la más baja de la historia reciente. Las causas son múltiples. Pero es un hecho que el contexto económico ha sido uno de los factores más relevantes que explican las derrotas del PRI y la impopularidad del gobierno federal.

Por si hiciera falta, la imprudencia de invitar a Trump, concediéndole todo lo que había pedido, ha liquidado lo poco que quedaba de capital político de la Presidencia y ha revitalizado la campaña del candidato republicano.

Pero la cuestión de fondo es que no se puede hablar de una imprudencia. Entre más pasa el tiempo y se decantan los hechos asociados a la visita, más se hace evidente que no hubo ni improvisación ni intención de tratar equitativamente a los candidatos.

La invitación a Trump se procesó, cuando menos, dos semanas antes del envío de las cartas formales a ambos candidatos. Aunque no está claro si la idea original fue del secretario de Hacienda o del equipo de Trump.

Lo que sí queda claro es que la visita fue negociada y que Trump obtuvo todo lo que quiso: abordó el tema del muro, fue recibido como jefe de Estado, fijó su posición en una conferencia de prensa y no fue interrumpido ni sometido a preguntas de la prensa mexicana.

Fue un show perfectamente orquestado para proyectar la imagen de un hombre serio, mesurado y con capacidad de ser interlocutor en una visita de Estado. Pero además, la visita se realizó en el país que más ha insultado y vilipendiado, y que todo el mundo sabía –suponía– que estaba del lado demócrata.

Es por eso que el tour fue un rotundo éxito. Los millones de estadounidenses blancos que vieron las imágenes no pudieron más que quedar impresionados por la forma en que doblegó, literalmente, al presidente de México e impuso su discurso y condiciones (¡He allí un líder que sí sabe negociar!).

Antes de la visita, la contienda se había centrado en la incapacidad de Trump para desempeñarse como jefe de Estado. Ahora el tema ha quedado atrás y las encuestas se han cerrado. El salvavidas de Peña Nieto y Videgaray sí funcionó. Sobra añadir que del lado demócrata se ha percibido todo lo ocurrido como una verdadera traición. Y no les falta razón. Pero también ha sido una humillación para millones de mexicanos en Estados Unidos y México.

A contrapunto, Trump manifestó, vía Twitter, su público agradecimiento: “México ha perdido a un brillante ministro de Finanzas y un hombre maravilloso que sé que es muy respetado por el presidente Peña Nieto. Con Luis, México y los Estados Unidos hubieran hecho negocios maravillosos juntos”.

El 31 de agosto, Videgaray y el presidente Peña se jugaron el todo por el todo a favor de Trump. Si ganan, malo para México y el mundo. Si pierden, pagarán la factura lo que resta del sexenio. Alea jacta est.

Twitter: @sanchezsusarrey

También te puede interesar:
Trump, la forma es fondo
Cuarto Informe
No hay plan B

>