Opinión

Videgaray sabía… igual que Wall Street

 

 

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trump comercio

En memoria de Rodolfo Stavenhagen.

Enrique Peña Nieto repetía, ante las críticas por el ominoso recibimiento a Trump en septiembre pasado, que “lo que venga en adelante habrá de dejar muy en claro el porqué lo hicimos”. Sólo el triunfo de Trump podía arrojar la aclaración a la que se refería el presidente.

Decíamos, en septiembre, en este espacio, que el candidato de los negocios financieros era Trump, y en el juego de los acertijos sugerimos que Videgaray, por su chamba, debía tener buenos contactos en Wall Street que le habrían hecho saber el interés (y estrategia) del poder financiero estadounidense ante el resultado electoral.

Con capacidad y modos para intervenir en las decisiones de una sociedad quebrada por el neoliberalismo, Wall Street, el mayor poder económico global, tenía motivos para actuar a favor de un candidato y en contra de la otra.

Mientras que Hilary Clinton hablaba de mayores regulaciones para evitar nuevos estallidos de burbujas financieras como el que se inició en 2008 con la caída de Lehman Brothers, Donald Trump prometía “recortar masivamente la regulación para que los bancos vuelvan a prestar dinero a quienes más lo necesitan”.

En medio de la demagogia populista de su campaña, Trump se comprometió con los bancos a asuntos mucho más concretos: se comprometió, nada menos, que a revocar aspectos sustantivos de la Ley Dodd Frank, promulgada por el presidente Barack Obama el 21 de julio de 2010.

Esa ley contiene el corazón mismo de la regulación posterior a la crisis de 2008, que es la prohibición a los bancos de ahorro y crédito de que utilicen los depósitos de los ahorradores para hacer inversiones.

Después de la gran depresión económica iniciada en 1929, al descubrirse el papel que había tenido en ella la especulación financiera, se promulgó la Ley Glass-Steagall en 1933, por la cual se dividieron las funciones de los bancos comerciales y los bancos de inversión.

Es decir, los bancos que manejaran el ahorro y el crédito, no podían hacer inversiones con el ahorro público. William Clinton abolió esa prohibición en 1999, pero Obama la restableció en 2010, después del estallido de la burbuja de bonos hipotecarios chatarra, que los bancos provocaron con operaciones típicamente especulativas.

La gran expectativa de Wall Street es que Trump vuelva a reunir las funciones de banca de ahorro, crédito e inversiones, lo que muy probablemente ocurrirá.

El cumplimiento de tales expectativas de la industria financiera estadounidense muy pronto traería consecuencias para la economía global tan graves como los intentos proteccionistas que haga el nuevo gobierno.

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