Opinión

Vidal, video y vandalismo

Casi en forma simultánea se dieron acontecimientos que aunque diferentes, tienen la misma vergonzosa raíz. Veamos:

La Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación en Guerrero (CETEG) y estudiantes de la Normal Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, provocaban el desalojo del personal del Instituto Electoral y lo pintarrajeaban y vandalizaban exigiendo la aparición con vida de 42 estudiantes. Del otro lado del Atlántico, el joven Adán Cortés Salas interrumpió la ceremonia de entrega del Premio Nobel de la Paz que se entregaba a la adolescente Malala Yousafzai y a Kailash Satyarthi, portando una bandera mexicana manchada con pintura roja para protestar por los desaparecidos en Iguala.

Regresando a México, el almirante Vidal Soberón, rodeado de reporteros, mostraba enojo e indignación cuando se refería a los mismos acontecimientos de Ayotzinapa: “…me enoja que manipulen a los padres de familia agraviados… se mal informa sobre los avances de la investigación en la que han participado elementos de la Marina quienes encontraron parte de las bolsas arrojadas al río Cocula… hay personas y grupos que lucran con el dolor para alcanzar objetivos individuales y de grupo… vemos que algunos aparecen en la televisión cerrando caminos y buscan suspender las elecciones en Guerrero”.

Como para rubricar la indignación del almirante y ofrecer a todo el universo lo que buscan quienes se benefician de la barbarie acontecida la noche del pasado 26 de septiembre en el basurero de Cocula, un video recorría la red de Youtube. Ahí se pudo ver a un grupo de encapuchados que cierran las casetas de peaje en la autopista de Cuernavaca y como poniéndose enfrente de los autos prácticamente obligan a que los automovilistas les entreguen dinero en forma optativa y más tarde vemos a los mismos sujetos repartiéndose festiva, jocosamente, la ganancia de esa manera obtenida.

Cuatro aspectos de los muchos que en nuestro país ha tomado una tragedia que unos han convertido en bandera política, otros en divertida y lucrativa comedia, y sólo los restantes en un agravio imperdonable.

¿Qué sigue o debiera seguir? Las fauces del oportunismo están abiertas; esa disputa entre tribus izquierdistas y supuestamente preocupadas por el bienestar de los necesitados, están abiertas y dispuestas a despachar todo lo que no sea asumir sus responsabilidades en la tragedia. La derecha pregona como inadecuado y regresivo los propósitos de las enmiendas legislativas que ellos mismos impulsaron en la administración anterior. Un fuerte olor a parálisis envuelve a personas e instituciones que debieran debatir, esclarecer e impulsar la participación y mejoras en materia de impartición de justicia que siguen demorándose.

Las consecuencias de todo esto ya están a la vista: la incredulidad ciudadana en todo aquello que toque la equidad en el bienestar y, sobre todo, en los sobresaltos de la inseguridad que desde hace decenios lastima cada vez más a todos. Y esto incluye a altos funcionarios y encumbrados empresarios que no escapan a las garras de la criminalidad.

Por ello, las nuevas y también las viejas disposiciones para preservar la integridad de los mexicanos deben ser renovadas con un empuje singular que debiera marcar nuestros días. Esto no es otra cosa sino depurar y robustecer nuestras estructuras sociales, las normas culturales y los valores en los que reposa nuestra manera de ser.

Twitter: @RaulCremoux