Opinión

Víctor Romo, el ciclista


 
Al más puro estilo del priismo tradicional que generó caciques chiquitos en localidades de todo tamaño y relevancia, la única ocasión que tuve para conocer al delegado de Miguel Hidalgo, Víctor Romo, hace meses, terminó frustrada porque el perredista envió a un personaje de avanzada, que chateaba con él para informarle el estatus de los convocados al encuentro. Romo nunca apareció. Asistía a otro evento.
 
 
Los políticos anodinos se comportan de formas curiosas: se comprometen a dos o tres eventos al mismo tiempo; comen en restaurantes de postín despachando a algún personaje al inicio, y luego cambian de mesa en el postre para recibir a alguien más. Los de ego descomunal envían avanzadas para medir la relevancia del lugar al que acudirán. En la comida a la asistí solo faltaba que nos dijeran: por aquí caminará.
 
 
Pero más allá de la anécdota, hay carencias de orden y servicios básicos en la delegación de Romo. Anteayer un ciclista casi me atropella en la Col. Ampliación Granada. Al observar con detenimiento el entorno, era lógico el posible accidente: las banquetas del Blvd. Miguel de Cervantes Saavedra adolecen de falta de continuidad física; no hay cruces peatonales adecuadamente delimitados –a pesar del intenso flujo de personas–; la señalética es pésima y los camiones de obra se han adueñado del espacio público.
 
 
A Romo le ocupa más su ciclismo que los temas de gobierno básicos. Varios de nuestros compañeros de El Financiero han sido asaltados en las inmediaciones del diario. Las armas de fuego y las armas blancas son comunes en la Col. Pensil. Más adelante, en los bajopuentes de la Av. Aquiles Serdán, en las inmediaciones de Tacuba, imperan el desorden y la suciedad.
 
 
A Romo le puede estallar una bomba: sugiérasele a un turista alemán o británico que camine del hotel Presidente, Hyatt, W o JW Marriott hacia algún evento nocturno en el Auditorio Nacional, y los pasillos sórdidos para transitar de Andrés Bello a la Av. Reforma le pondrán a temblar. Ninguna luminaria funciona.
 
 
¿Y los restaurantes de Polanco, aquel eterno tema…? Pregúntenle a los de la Av. Emilio Castelar. Son sus clientes para su ejercicio de suspensión de actividades cuando falta el tradicional extinguidor.
 
 
Twitter: @SOYCarlosMota