Opinión

Veracruz, ¿marca o producto?

    
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Manlio Fabio Beltrones

En un año con 12 elecciones de gobernador, vale la pena preguntarse a quién deben premiar o castigar los votantes cuando acuden a las urnas.

¿A la marca o al producto? Siendo Veracruz la elección más importante en 2016, por su tamaño, competitividad y potencial conflictividad, vale la pena analizar un dilema que enfrentan los electores. Por un lado el PRI (la marca) postuló hace seis años a un candidato que como gobernador ha resultado controvertido, insensible y ha propiciado, por comisión u omisión, un mal gobierno: ejercicio indebido de funciones, peculado, inseguridad, violencia contra de periodistas (12 asesinatos en los últimos años).

La Auditoría Superior de la Federación (ASF) ha señalado que Veracruz es la entidad con más irregularidades en el ejercicio del gasto federalizado (sólo en 2014 las observaciones implican un monto de 27 mil 503 millones de pesos).

Si la marca tiene mala reputación porque postuló y luego toleró al gobernador, el nuevo candidato del PRI (el producto) pareciera tener mejores cualidades. El presidente del PRI, Manlio Fabio Beltrones, ha dicho que “Héctor Yunes es Héctor Yunes, Javier Duarte es Javier Duarte”. Es decir, ha tratado de desligar al producto de la marca. ¿Es válido desvincular a uno de lo otro? ¿Puede haber un buen producto si la marca está dañada? ¿Debe pagar el nuevo producto por una marca que ha sido mal administrada?

Héctor Yunes es actualmente senador con licencia por Veracruz. Ha sido diputado federal y diputado local, así como funcionario del gobierno estatal. Ha presentado su declaración 3de3 en la que señala que cuenta con cinco camionetas, siete cuentas de ahorro e inversiones, dos adeudos por tarjetas de crédito, tres viviendas y cinco terrenos. Todo ello suma un valor de 18 millones de pesos.

Por su parte, el PAN (la otra marca en contienda) se posiciona para ganar y lograr la primera alternancia en Veracruz. Como nunca ha gobernado, la marca tiene el beneficio de la duda. Sin embargo, sus adversarios acusan a Miguel Ángel Yunes, el candidato panista (antes priista), de ser un lobo con piel de oveja. Citan que en 2013 la Procuraduría General de la República (PGR) inició investigaciones en su contra por los delitos de enriquecimiento ilícito y peculado. El año pasado, a estas acusaciones la PGR sumó las de lavado de dinero y solicitó ante el Registro Público de la Propiedad el listado de sus bienes inmuebles, propiedades y empresas. (Según los Panama Papers divulgados este fin de semana, su hijo Omar Yunes habría creado un fideicomiso en Nueva Zelanda del cual él y su esposa eran beneficiarios).

Los veracruzanos enfrentan un dilema: Si uno de los Yunes (Héctor, el del PRI) es realmente una persona íntegra, un voto por él sería un voto por un mejor gobierno, pero a costa de darle impunidad a la marca.

Aunque el candidato ha dicho que el gobernador es un lastre para su campaña, toleró que Duarte estuviera presente en su toma de protesta como candidato del PRI (en primera fila). A pesar de los dichos y de los buenos deseos, en política no hay manera de desasociar al producto de la envoltura.

Como gobernadores van y vienen, la marca es la garantía de que se cumpla lo que se promete, una suerte de colateral para que un candidato pague lo que ofrece. Las marcas perduran, los políticos pasan. La marca es la garantía de que alguien responderá en caso de default. Pero si la marca es inmune al desempeño, se incentiva la complacencia y la complicidad.

Si los veracruzanos optan por el otro Yunes (Miguel Ángel, el del PAN) estarán castigando la marca del PRI pero beneficiarían a un producto acusado (por sus adversarios) de ser igual que aquéllos a quien acusa.

Uno de los dramas de las alternancias en México es que han servido poco para transformar las estructuras clientelares y corruptas del sistema. En general no se observa que los gobernadores de uno u otro partido –sean de color rojo, amarillo, azul o verde– sean diferentes en la forma de conducirse. De tal forma que castigando una marca, los veracruzanos pueden amanecer teniendo más de lo mismo. Pero a la inversa, si votan por el producto de la misma marca validarán, en los hechos, la enorme corrupción que ha vivido esa entidad.

Quizá la solución a este dilema se encuentre en la dirección nacional del PAN.

Quizás en esta ocasión ese partido sí pueda actuar como colateral y dar garantías de que una alternancia en Veracruz sería un salto al futuro y no más de lo mismo.

Garantizar que Veracruz no será Sonora ni Aguascalientes ni Tlaxcala, entidades donde han gobernado en los últimos diez o 15 años con resultados deficientes y con graves acusaciones de corrupción. Que tampoco será como Jalisco donde el último gobernador dejó por su paso un tufo de frivolidad que los hizo perder esa entidad que habían gobernado por 18 años.

¿Habrá colateral del PAN?

Twitter: @LCUgalde

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