Opinión

Veracruz, antiejemplo de la justicia

La madrugada del 12 de julio pasado un auto conducido por una mujer atropelló a una persona de sexo masculino en una avenida de Boca del Río, Veracruz. El individuo, de 30 años de edad, falleció en el lugar mismo del percance. La conductora, de 37 años, no huyó. Hasta aquí los hechos de un percance que, en un país normal y en pleno siglo XXI, sería explicado, pruebas periciales mediante, en cuestión de días.

Porque en un país normal, con las pruebas de los policías, los argumentos de la defensa y la valoración de un juez quedarían claras las responsabilidades y se aplicarían las sanciones debidas. El fallo podría gustar o no, pero no debería quedar duda de su imparcialidad y solidez. Eso sería lo ordinario en un país normal, pero todo mundo sabe que la parte veracruzana de México no corresponde a un país normal.

Hace 80 días que María José Gamboa está detenida por haber causado la muerte, por atropellamiento, de José Luis Burela. A las pocas horas de ocurrido, el caso se volvió polémico a nivel nacional porque la familia de quien conducía el auto denunció irregularidades en la conformación del expediente. María José se dijo víctima de una revancha por parte de Javier Duarte, cuyo gobierno se cobraría así las críticas vertidas por Gamboa en columnas publicadas en medios veracruzanos. También sería objeto de la inquina gubernamental por ser cercana, en tanto funcionaria del Instituto de la Mujer del ayuntamiento de Boca del Río, de Miguel Ángel Yunes, acérrimo adversario del actual gobernador priista.

Las autoridades alegan que María José conducía de manera temeraria y en estado de ebriedad, y que a ello obedece que se haya cambiado el delito del cual se le acusa, que en cuestión de horas pasó de “homicidio culposo simple” a “homicidio culposo agravado”, con lo que no alcanza el beneficio de ser juzgada en libertad.

Estamos ante dos tragedias. La inicial, por supuesto, es la muerte de José Luis Burela. Las circunstancias en las que ese joven perdió la vida deben ser esclarecidas.¿El percance es totalmente atribuible a la conductora? ¿Hubo o no imprudencia de la víctima? ¿Hay una mezcla de factores?

La segunda desgracia es igualmente lamentable. Es la de constatar, una vez más, la manera en que Veracruz es gobernado por Javier Duarte. Veracruz como entidad en la que es imposible demandar lo mínimo: justicia imparcial.

No se trata de solidarizarse a ciegas con María José Gamboa. No se trata de simpatía de gremio porque ha sido columnista, ni de pedir privilegios para ella por ser opositora, ni por su condición de mujer. No. Se trata precisamente de lo contrario. El punto es que el gobierno que ha fallado una y otra vez –como ejemplo, y entre muchos otros están ahí los casos de los periodistas asesinados Regina Martínez y Gregorio Jiménez, Goyo–, de nueva cuenta genera dudas a la hora de procurar justicia a secas.

El caso de María José ha estado plagado de irregularidades, contradicciones e inconsistencias. Sobre si María José iba o no en estado de ebriedad, hay un examen médico municipal que dice que no, uno estatal dice que sí. Hay testigos que estuvieron con ella hasta prácticamente el momento del accidente que niegan que haya bebido, el gobierno dice lo contrario. Se le cambió de cárcel, a una más lejana, a pesar de tener un amparo, etcétera.

En un país del siglo XXI no deberíamos tener la sensación de que en Veracruz, a una tragedia seguirá otra: la de la justicia parcial.

Twitter: @SalCamarena