Opinión

Venezuela sin números

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Venezuela

“Los precios serán los justos, sin la plusvalía capitalista”. Esa fue una de las frases que Hugo Chávez dijo en enero de 2010 al expropiar la cadena de supermercados Éxito, con el argumento de que incurría reiteradamente en manipulación de precios. En ese momento, la inflación se acercaba a 30 por ciento y Chávez decidió que los precios no podían seguir subiendo, o por lo menos, ya no lo harían en esas tiendas. Así que las expropió, anunciando que el arroz se vendía, ahora que las tiendas ya eran del pueblo venezolano, 40 por ciento más barato que antes y las televisiones chinas a la mitad del precio previo.

Cuando los precios se fijan por debajo de los precios de mercado, lo que sigue es la escasez. Hoy en día, las cadenas Bicentenario, nombre que se les dio al ser expropiadas, tienen los anaqueles vacíos. El monopolio en la importación y distribución de alimentos lo tiene el Estado. La política de opacidad de información que ha seguido el gobierno impide conocer cuál es el monto en tránsito o en inventarios de los bienes que gestiona. Algunas casas de análisis señalan una escasez de 50 por ciento en anaqueles. Filas de miles de personas esperando entrar a una tienda para buscar productos que no van a encontrar, incluyendo productos básicos y medicinas.

El gobierno se ha ido quedando sin recursos. Ya no puede pagar por los bienes que importa, ni siquiera por los básicos. Sin duda, los bajos precios del petróleo han acelerado el declive. Incluso ya ha recurrido al trueque; por ejemplo, Uruguay paga con carne parte del petróleo que importa de Venezuela. Cómo estarán las cosas, que Trinidad y Tobago ofreció mandar papel de baño a cambio de petróleo.

Las reservas internacionales de Venezuela se encuentran en su menor nivel desde 2003. Gran parte de las reservas, de lo que queda de ellas, está en oro, lo cual no permite enteramente depositarlo como garantía para nuevos préstamos. Venezuela tiene que hacer pagos de deuda por cinco mil millones de dólares en octubre de este año. El 95 por ciento de sus recursos foráneos viene del petróleo.

Para hacer el escenario más complejo, Venezuela vive con cuatro diferentes tipos de cambio. El tipo de cambio oficial, de 6.30 bolívares por dólar, destinado a actividades prioritarias. Como se considera que está sobrevaluado, hay otro diferente, el Sicad (Sistema Complementario de Administración de Divisas), igual a 12 bolívares por dólar, destinado a importaciones no prioritarias y actividades turísticas. En febrero de 2015 se implementó un tercero, el Simadi (Sistema Marginal de Divisas), que hoy es aproximadamente igual a 200 bolívares por dólar, sujeto a variaciones de oferta y demanda y representa una cierta liberalización del mercado. El Simadi está alimentado por empresas públicas y privadas, y personas físicas, que desean comprar o vender dólares en bancos y casas de cambio. Y por supuesto, el tipo de cambio del mercado negro, libre oferta y demanda, rondando los 400 bolívares por dólar.

El Banco Central de Venezuela no ha publicado datos de inflación desde diciembre de 2014. Ése año terminó con una inflación de aproximadamente 70 por ciento. Faltan datos duros de inflación este año, pero hay muchos estimados, algunos de ellos situándola en alrededor de 500 por ciento. Una erosión de ese tamaño en el poder adquisitivo redunda en un incremento de la pobreza y muy probablemente de la desigualdad. Sin embargo, no hay información al respecto. El gobierno decidió, también, no publicar datos de pobreza durante 2014.

Este año hay elecciones y poca información. Sin embargo, los anaqueles vacíos en las tiendas hablan. Las largas filas afuera de las tiendas hablan a gritos. En economía, sabemos que hay experimentos que no se deben de hacer y, que sin embargo, se siguen haciendo con la extraña esperanza de obtener un resultado diferente. Y una y otra vez corroboran lo que podemos esperar: que los mercados funcionan.

*La autora es profesora de Economía en el ITAM e investigadora
de la Escuela de Negocios en Harvard

Twitter: @ValeriaMoy

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