Opinión

Venezuela otra vez

Gil oye el murmullo de los jilgueros bolivarianos y castristas: neoliberal, vendido, cobarde, salinista, cernícalo.

Después de mucho devanarse los sesos, Gil descubrió, sin necesidad de alta tecnología, dónde se encuentran los pasajeros del avión de Malasia Air Lines desaparecido en algún lugar del Océano Índico desde hace un mes. Todos ellos y la tripulación en pleno de la aeronave están tomándose un martini en uno de los anillos de Saturno, dicen que ahí hay magníficos bares y que es uno de los lugares del sistema solar donde se fabrican los mejores martinis. Salud, le dice un chino a un malasio, le deseo la mejor de las eternidades. Una verdadera lástima que el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, no los acompañe una temporada; no mucho tiempo, unos diez mil años, con eso bastaría para que ese país enderezara el laberinto chavista que lo ha arrojado a una crisis irremediable bajo el gobierno de Maduro.

Gamés ha leído en su periódico El País la cobertura más amplia y profesional, día tras día, de la situación venezolana; en La Jornada, en cambio, se ha leído el más penoso retrato que un periódico pueda ofrecer de lo ocurrido en estos días de fuego y represión (¿ya vamos a empezar?), una cobertura que oscila entre la mentira y el silencio. ¿Cómo ven a Gil investido de Raúl Trejo Delarbre? Una de las primeras cosas que se echa perder con la ideología es el periodismo. Las protestas no cesan, la cifra de muertos llegó a 42, los heridos suman más de 600, no hay qué comer pues el desabasto vació las tiendas. A esto ha llamado La Jornada “evitar un golpe desestabilizador de la derecha”, aigoeii.

El régimen cubano-chavista que defiende esa izquierda periodística y las huestes de Morena metió a la cárcel al líder de la oposición, Leopoldo López. Es otro López, un López malo que merece estar en la cárcel. Ese mismo gobierno que defiende también el PT le retiró el fuero a la legisladora de oposición María Corina Machado para acortar su camino a la cárcel. Ese mismo gobierno que le entusiasma a Carmen Lira, a Luis Hernández Navarro y a Josexto Zaldúa destituyó y arrestó a tres generales acusados de golpismo, los tres militares eran considerados hasta ese momento como insospechables chavistas. Durante las marchas de los opositores se leía una gran manta con letras enormes: resistencia civil. Desde luego, se trata de una resistencia mala, fea, infame, irrisoria, hirsuta y en fon.

Gil se dirigió al ático y abrió el baúl de los recuerdos: el bombo legüero, la zampoña, la ciencia de Marta Harnecker, el Nikitín, las obras de Kim il-sung, abuelo del amigo del Partido del Trabajo, el Diario del Ché en Bolivia, Las venas abiertas de América Latina, el impresentable libro de Eduardo Galeano, el reportaje histórico (es un decir) de Monseñor Romero en El Salvador, en papeles amarillentos. Que tiempoch aquelloch, Payán. Gamés podría llenar dos páginas de su periódico El Financiero con títulos y objetos de la atmósfera en la cual quedó, como detenida en el tiempo, la dirección de La Jornada.

Su periódico El País dedicó hace algunos días un reportaje que estalló en papel, en tuiter, en correos electrónicos: “La piel cubana de Venezuela”, un reportaje de Cristina Marcano: “Cuba se ha hecho con un poder sin precedentes en el Estado bolivariano. Sus ‘cooperantes’ influyen en sectores estratégicos, desde las fronteras hasta los cuarteles y, según las ONG, controlan el sistema de salud con miles de médicos ‘esclavizados’”. Gil oye el murmullo de los jilgueros bolivarianos y castristas: neoliberal, vendido, cobarde, salinista, cernícalo y otros calificativos que se pierden en el eco de los ecos (sí, hay eco de ecos, seguro).

Hace unos días, su periódico El País publicó “Carta de un líder opositor desde prisión”, el llamado de Leopoldo López, desde la cárcel, a la movilización ciudadana contra el gobierno de Maduro. La izquierda cavernaria debería leer esa pieza y decir algo al respecto. ¿Es mucho pedir? Sí, muchísimo; en ese mundo, la prisión siempre arregla problemas. El señor López está en una cárcel militar, en aislamiento, por sus ideas y la forma en que las expresa. ¿Te parece bien, Carmen?
La máxima de Ionesco espetó dentro el ático: “Las ideologías nos separan, los sueños y la angustia nos unen”.

Gil s’en va

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