Opinión

Venezuela, ¿la amenaza?

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El presidente Barack Obama anunció que esperan tener una embajada en Cuba antes de abril. (Reuters)

Aparentemente, todos mandos activos y represores –según Washington– durante las más recientes protestas ciudadanas de 2014.
A estos venezolanos se les congelan cuentas en Estados Unidos y propiedades, hecho que por sí mismo establece una contradicción ideológica y de origen: ¿los altos funcionarios bolivarianos poseen cuentas y propiedades en Estados Unidos?, o ¿se trata sólo de una campaña política?

La gran ironía de las sanciones emitidas por la Casa Blanca provoca, de forma contraria a sus propósitos, el fortalecimiento a la figura y sobre todo al discurso del presidente Nicolás Maduro. La retórica nacionalista, popular, que hace mención continua a la “amenaza invasora del imperio”, cobra realidad y sustento en la mentalidad de millones de venezolanos cuando Estados Unidos y su gobierno anuncian este paquete de medidas. Le otorgan argumentos al dicharachero mandatario para convencer a una población severamente golpeada por la crisis, por la escasez, por las largas e interminables filas –colas– de gente en busca de alimentos básicos, ahora todos bajo racionamiento gubernamental.

Nada es irracional en los argumentos expresados por el presidente Obama, la incuestionable persecución a la débil, fragmentada y apaleada oposición política venezolana. Los recursos detenidos y ahorcados al estado de Miranda porque lo gobierna Henrique Capriles, opositor electoral de Maduro. El hostigamiento callejero, urbano y más gravemente en la distribución de alimentos a quienes disienten del aplastante régimen “bolivariano”. Con todo, con esa abrumadora evidencia a su favor, Venezuela y Maduro no son una amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos. Es sólo un recurso mediante el cual el presidente puede pasar por encima de una iniciativa discutida o aprobada en el Congreso.

Obama lanza luces de alarma sobre Venezuela, porque Caracas exigió visas a todos los estadounidenses y anunció que reduciría el personal americano en la embajada. El Departamento de Estado mantiene a cerca de 100 personas como parte del equipo de la embajada, aunque carece de embajador formal desde 2010. El gobierno de Maduro anunció que debieran tener no más de 17 personas –que son los venezolanos permanentes en Washington desde que se retiraron los embajadores.

La tensión y el discurso de choque y confrontación crece entre ambas naciones, como un preámbulo a mayores sanciones por parte de Washington.

La gran paradoja es que Maduro se fortalece con esas sanciones que anticipan, afirma el presidente venezolano, la invasión militar estadounidense. Es una lógica semejante a la Vladimir Putin en Rusia: la economía va mal, las divisas escasean, la lógica de la confrontación de la Guerra Fría revivida obliga la existencia de un enemigo contra quien fustigar desde dentro, reforzando el nacionalismo populista. El agravante para Maduro es el derrumbe del petróleo a nivel internacional, lo que hunde a su ficticia política económica y coloca a la población en una situación de crisis, muy cercana a la humanitaria, en no más de tres meses.

Es el momento para que un grupo de gobiernos en América Latina, cercanos ahora o en el pasado al régimen chavista (Ecuador, Bolivia, Argentina) más algún neutral con prestigio como Costa Rica, integren una comisión multinacional que prevenga un extendido derramamiento de sangre. Aún es tiempo.

Twitter: @LKourchenko

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