Opinión

Veinte años sí es algo

En las últimas semanas, tanto el precio del petróleo como el peso han caído frente al dólar, y algunos se angustian con ello. Más, cuando el entorno político y social se ve complicado. Se imaginan un fenómeno como el famoso “error de diciembre”, que en dos semanas cumplirá 20 años. No es así.

Primero, después de ese famoso “error” y su secuela, la crisis de 1995, México decidió finalmente garantizar la autonomía del Banco de México (promovida poco antes de la crisis) y, más importante, mantener un tipo de cambio flexible. Bajo este tipo de régimen cambiario ya no hay devaluaciones. Sí puede ocurrir que el peso se vaya ajustando durante semanas, y la paridad tenga variaciones de 5 o 10 por ciento, pero un ajuste brusco, de 100 por ciento o más, como ocurrió en 1976, 1982 o 1994, simplemente no ocurre. Tenemos varios ejemplos: alrededor de la crisis de Brasil y Rusia en 1998, con el derrumbe de “dot com” en 2001, o con la Gran Recesión en 2008, los ajustes fueron relativamente pequeños. En 2008, por ejemplo, entre el inicio del ajuste y el pico no se llegó a más de 50 por ciento, y al final la corrección cambiaria fue de apenas 20 por ciento. Hoy mismo, todas las monedas del mundo se ajustan contra el dólar, y no poco. El yen ha perdido 15 por ciento de su valor comparado con el inicio del año, y el euro 10 por ciento. En América Latina, el peso argentino se ha corregido en 21 por ciento, el real brasileño en 7.5 por ciento. Nosotros estamos en 6.0 por ciento.

Si la comparación se realiza con el mes de julio, cuando todo parecía estar en calma, sólo hay un par de monedas que tienen un ajuste menor al nuestro: el peso argentino (que se devaluó en la primera mitad del año, como veíamos) y el dólar canadiense. En suma, lo que ocurre con nuestra moneda es resultado de un fenómeno global, en el que estamos saliendo mejor librados que casi todos, desarrollados y emergentes. No está mal.

En cuanto al precio del petróleo, la caída ha sido muy importante; prácticamente 40 por ciento ha bajado durante el año. Para México, el impacto es menor, aunque no sea irrelevante.

Como usted sabe, la producción de petróleo estará en 2.3 millones de barriles diarios este año, mientras que el consumo interno promediará dos millones. Todo el consumo interno ocurre en forma de petrolíferos como la gasolina y diesel cuyo precio no tiene relación con el internacional, sino que lo fija Hacienda. De hecho, por la pésima forma en que se hace eso, ahora el precio de estos combustibles equivale a que el barril estuviese en 100 dólares. Así que la caída del precio internacional sólo afecta a 15 por ciento de los ingresos petroleros del gobierno, que más que se compensa con el alto precio de gasolina que usted pagará en 2015.

Ambos fenómenos resultan de la mejor posición de Estados Unidos frente a la economía global. Mientras Europa no crece y Japón tiene una pequeña contracción, China está reduciendo su ritmo de crecimiento de forma muy acelerada. El único motor económico del mundo, como lo comentamos hace mucho aquí mismo, seguirá siendo Estados Unidos. Razón de más para que México haga un mayor esfuerzo de convergencia.

Lo importante, ahora que recordaremos 20 años del “error de diciembre”, es comprender que hoy estamos en otra dinámica. Es decir, no se angustie innecesariamente. Hay otras cosas lo que requieren, no éstas.

Twitter: @macariomx