Opinión

Veinte años del CRT: más allá del tequila

La conmemoración de los 20 años de existencia del Consejo Regulador del Tequila permitió conformar un marco para el intercambio de experiencias con otros “productos de origen”, que por diversas vías y mecanismos han alcanzado niveles significativos de reconocimiento, protección y crecimiento. Desde experiencias tan consolidadas como las de champagne y cognac, hasta versiones más regionales como la del ron dominicano, la stevia paraguaya o el café de Colombia, el evento brindó parámetros para definir en qué punto nos encontramos en la escala de la protección.

El éxito del tequila ha sido notable, pero siguen existiendo muchas preguntas que aún deben ser contestadas. La primera y más significativa en relación a estas formas de protección de la propiedad intelectual es si se debe mantener un esquema abierto a la inversión extranjera ilimitada, o si los productos de origen deberían permanecer bajo el control de empresas de capital mayoritario mexicano. Parece un contrasentido que tratándose de los “más mexicanos” de los productos, sean empresas extranjeras las que obtengan el usufructo de los mismos, por más que la liberación comercial de la inversión ofrezca argumentos convincentes.

La gran conclusión que me permito recuperar porque se desprende de cada contraste de nuestra legislación frente a otras más avanzadas, es la urgencia de reglamentar ampliamente las llamadas "indicaciones geográficas", junto con las diversas figuras complementarias de una ley de este tipo. Como se ha dicho insistentemente, los productos que alcanzan el beneficio de una Denominación de Origen es muy reducido frente a las que lo merecen por la vía de la indicación geográfica. En este caso, basta con que un lugar goce de reputación en relación a la manufactura o elaboración de determinados productos, como para reservar su utilización en forma exclusiva a los productores de la zona correspondiente. En el caso de México, la lista de lugares que podrían obtener esta notable ventaja competitiva es muy larga, lo que hace todavía más lastimosa la omisión legislativa en que se ha venido incurriendo por décadas.

Además de las indicaciones geográficas, el sistema se complementa con marcas tradicionales, marcas colectivas, marcas-país y marcas de certificación, que en su conjunto conforman un sistema completo para elegir formas progresivas de tutela. El mundo presenta hoy modelos tan variados de cobertura, que es necesario transitar por una diversidad de figuras para alcanzar niveles medianamente aceptables de exclusividad.

A pesar de que desde hace un par de años se especula con la inminencia de que se discuta en el Congreso una ley de indicaciones geográficas y denominaciones de origen, sabemos que el proyecto está detenido, a la espera del impacto que el TPP pudiera implicar en estos temas. A pesar de ello, son muchos los avances que se pueden tener en una primera versión de la ley, compatible con los estándares internacionales y que responda a nuestras necesidades internas. Tal como los productores de don dominicano lo planteaban, para los productores de la zona, el reconocimiento de su denominación marca en su desarrollo un antes y un después.

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