Opinión

Varas para medir

 
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El Nacional de Venezuela. (Reuters)

Gil leyó con los ojos de plato la noticia en su periódico El País: “un tribunal de Venezuela ha prohibido la salida del país a 22 directivos y representantes de los diarios. El Nacional y Tal Cual y del agregador de noticias La Patilla, al admitir una demanda por difamación interpuesta por el presidente de la Asamblea Nacional Diosdado Cabello. Además de permanecer en el país, los 22 demandados deberán presentarse cada ocho días ante el Tribunal. El órgano judicial sostiene que hay ‘presunciones razonables’ de peligro de fuga y de obstaculización de la justicia por parte de los acusados para justificar las medidas tomadas”.

Un grupo de empresarios del periodismo y de periodistas tratados como criminales. En la misma primera plana, su periódico El País publicó un editorial condenando el atropello de la dictadura: “La prohibición de salir de Venezuela a 22 directores de medios de comunicación supone un nuevo ejemplo de la intimidación de Nicolás Maduro a la libertad de expresión. Las constantes amenazas del presidente y sus colaboradores contra periodistas y medios que se atreven a criticar la deriva de un régimen que está sumiendo a Venezuela en la miseria hacen poco creíbles que le decisión adoptada por un juzgado de Caracas sea fruto de la reflexión independiente de un Poder Ejecutivo que ha invadido todas las esferas de la vida pública venezolana y que lo mismo decide el encarcelamiento injustificado e indefinido de opositores o el racionamiento de alimentos”.

Ecos

Gamés supone que el escándalo de este atentado a la libertad de expresión (Gil siente bonito cuando escribe como articulista de fuste y fusta) tendrá ecos en todos los espacios democráticos y decentes del mundo. Gil se pregunta si las organizaciones sociales y los medios mexicanos que han seguido la ruta de los periodistas desaparecidos y asesinados en diversos lugares de la república condenarán al gobierno de Maduro.

Gamés piensa en la organización defensora de los derechos humanos y de la libertad de expresión, artículo 19. Las dudas de Gilga quedarán despejadas en los próximos días. Darío Ramírez, director de esa organización social, ha dicho que “seguiremos defendiendo el derecho a la libertad de expresión como elemento esencial para ejercer otros derechos”. Gil paga por ver.

De la misma forma, Gil se pregunta si su periódico La Jornada, de suyo combativo, como decía el clásico de la Plaza Pública, mju, defenderá a los periodistas y reprobará el despotismo y la iniquidad del régimen de Maduro. Si el abuso de la dictadura no es, al menos, debidamente dado a conocer en esas páginas, se comprobarían las dos varas para medir y ser medidos con que van y vienen por el mundo de la información. Defiendo la libertad de expresión si estoy de acuerdo; si no estoy de acuerdo, esa libertad de expresión no es tan importante e incluso merece ser castigada. ¿Va bien Gil o se regresa? Una vez más, Gamés paga por ver.

Dormilón

Lejos de Venezuela, pero en el mismo horizonte enloquecido de una dictadura. Oigan esto, si se puede con un cuartito de Tafil, mejor. Gil lo leyó en sus periódicos Milenio y La Razón: El Servicio Nacional de Inteligencia de Corea del Norte informó de una nueva purga de un alto cargo de un régimen de Kim-Jong-un: el ministro de Defensa y número dos de las fuerzas armadas, Hyon Yong-chol. El militar fue ejecutado por quedarse dormido durante un desfile militar. ¿Cómo la ven? Sin albur.

Según informó la agencia sudcoreana Yonhap que cita a un oficial del servicio de espionaje, Hoyng fue ejecutado el pasado 30 de abril en Pyongyang por un pelotón de fusilamiento que usó un cañón antiaéreo. Caracho, los fusilamientos en Corea del Norte son tremendos, nada de que unas balitas, aquí los matamos con cohetes antiaéreos RPG-47, aquí ya sabemos de esas cosas.

Gil sabe que no se debe jugar con ciertas noticias, pero, diantres, si en México se fusilara a los legisladores dormilones, tendríamos un Congreso de unos 20 o 30 insomnes, alertas, hombres y mujeres combatiendo por los más altos valores de la república.

La máxima de Enrique Jardiel Poncela espetó dentro del ático de las frases célebres: “Dictadura: sistema de gobierno en el que lo que no está prohibido es obligatorio”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX

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