Opinión

¿Van a Querétaro?

Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil imaginó de momento la reacción de la empresa y el gobierno chinos ante la revocación del contrato de construcción del tren rápido México-Querétaro: los mexicanos son muy lalos; plimelo nos laman, luego nos licen que todo está aleglado y luego nos colen. Así, China no selía China, selía Japón.

Vino una pelsona muy elegante a decilnos: México aplobó lefolmas estluctulales, el futulo de México, glande (¡ups!) como el de Beijing; y luego, mueltos en fosa, holible. Algo pasa en México: los gobelnantes tienen ploblema, dicen veldad con mentila. En altículo de señol Puch San, del peliólico Milenio -o como se diga-, se lice que el secletalio Luis Espalsa plonunció, después de que se canceló el contlato: “quizá no sea el mejor momento para México, quizá no sea lo mejor en un momento dado para que este proyecto se ponga en marcha”.

Como la lectora y el lector se habrán dado cuenta, hablar y escribir chino no es cosa fácil. Años de estudios pala decil bien el idioma de Confucio. En su artículo, Gamés se obliga a esclibil en español pues sabe que los lectoles no entienden el chino de Gil. Puig cita a Luis Espalsa: “el procedimiento fue un procedimiento legal, apegado a tiempos legales, apegado a las normas legales para tener certificación con testigo social, con el órgano interno de control, con la empresa que dictaminó el fallo, que es una empresa española de talla mundial que vio que se apegaba en todas las cuestiones”.

Castigo

Los chinos, furiosos, vendrán por lo suyo. China Railway Construction, el consorcio chino que ganó la licitación del tren México-Querétaro, pedirá mediante poderosos bufetes de abogados el pago que reclamará al gobierno de México como compensación por la cancelación del contrato. Gil lo leyó en su periódico Reforma: “entre otros rubros, considera salarios y hospedaje de 150 ingenieros chinos durante año y medio, arrendamiento de oficinas, compra de materiales y hasta pérdidas por la depreciación de las acciones del consorcio en las bolsas de Hong Kong y Shangai".

Ya le parecía muy raro a Gamés ver por aquí y por allá a ingenieros chinos. Al llegar a un restorán de la colonia Condesa, Gilga decía: mira, tres ingenieros chinos. Eran ellos, los ingenieros chinos.

Cuidado, los chinos no se dejan y buscarán a los tribunales del planeta Marte para ser resarcidos (ah, la pasividad del verbo). Nos van a poner pintos y barridos en el mundo: el gobielno mexicano no sabe cumplil, no conoce la celtidumble julídica. Eso en el mundo de los negocios internacionales es veneno. Anjá, como si Gil supiera algo de negocios internacionales.

Los chinos son vengativos y severos. Desde hace más o menos dos mil años, injertan en pantera si se les incumple un contrato. Desde ese entonces, al que no cumplía los contratos lo encerraban en una mazmorra y le dejaban caer, durante años, una gota de agua en la cabeza. De verdad, esto está documentado en libros de historia reputados, mju. Consecuencia: tremendo hoyanco en la choya. Al parecer quieren someter a este castigo al secletalio Luis Espalsa, quien los engañó como a unos chinos.

Calacho

Gil teme un estallido de cóleras chinas. Un trascendido afirma que al llegar al país de culturas ancestrales, el presidente habló en su perfecto chino: peldonen, pelo no hay tlen, a mí me está yendo del calacho. Si ustedes quelel indemnización, México paga los dinelos fueltesones. Se dice que las indemnizaciones alcanzarán la cifra de 600 millones de pesos. Ni pex, habría dicho el presidente Peña: pagamos y nos quitamos de encima a estos chinos encajosos. Sí, les firmamos el contrato, y eso qué, nomás faltaba. Chino, chino, japonés. Gamés, como el procurador, está muy cansado. Hasta luego.

La máxima de Caballero de Bruix espetó dentro del ático de las frases célebres: “Para hacer negocios no se requiere ingenio, basta con no tener delicadeza”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX