TLCAN a dieta
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TLCAN a dieta

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TLCAN a dieta

23/05/2018
Actualización 23/05/2018 - 9:41

El pasado domingo fue el segundo debate de los candidatos a la presidencia de México con el tema 'México en el mundo'. Salvo la sección de migración en la que los candidatos hicieron uso de los lugares comunes apelando a las emociones, poco se habló del rol de México en el mundo.

No supieron ver, y mucho menos transmitir, que México es un país importante. Es de las economías más grandes y con potencial de crecer aún más. Incluso José Antonio Meade, que ha mencionado en repetidas ocasiones que llevará a México a ser una potencia, no explicó la visión que tiene del país en el contexto mundial. Poco o nada se habló de política exterior, ni una mención a Venezuela, nada del papel de líder en América Latina.

Faltó en el debate una introducción de cada candidato de sus planes para conducir la política exterior. Brincaron directo a las preguntas del público. La pregunta inicial fue sobre la reorientación comercial hacia otros mercados para depender menos de Estados Unidos. Jaime Rodríguez empezó su intervención recomendando “destetarnos” de Estados Unidos, añadiendo que el tratado que hay que hacer es entre el México del sur y el del norte. López Obrador simplemente no contestó la pregunta.

Habló de las amenazas del muro y la migración, aclarando que la mejor política exterior es la interior. Sobre el TLCAN sólo dijo que estaban de acuerdo. Anaya empezó diciendo que hay que diversificar pero considerando que nuestro principal mercado es Estados Unidos, luego habló de Trump y sus libros. José Antonio Meade, quizás el más preparado en este tema, contestó diciendo que hay que aprovechar las oportunidades en otras partes del mundo y a los tres segundos cambió el tema para hablar de respeto en la relación entre Estados Unidos y México.

Ninguno contestó, pero sin duda los dos primeros dieron la impresión de ni siquiera haber escuchado la pregunta. O tal vez la evasión sólo revela el profundo desconocimiento del tema.

Se habló de corrupción, de pobreza, de salario mínimo. De la visión del país en el contexto global, nadie se ocupó. Se le dio poca importancia argumentativa al tema comercial, sin reconocer lo que la apertura le ha dado al país, ignorando por completo que las zonas del país que han crecido, las que se han desarrollado, las que pagan mejores salarios, donde hay menos pobreza, son aquellas vinculadas a las cadenas productivas del resto del mundo; son aquéllas en las que prevalece una legislación que no cambia con el tiempo de acuerdo a los caprichos de las legislaturas o gobernantes en turno.

Mientras en el país pretendemos debatir sobre el papel de México en el mundo, en Washington se sigue negociando el futuro del acuerdo comercial más importante que tenemos.

Al parecer los temas delicados son los relacionados con el sector automotor —entre ellos las reglas de origen por componentes y la presión por parte de Estados Unidos de que 40 por ciento del contenido de un auto se fabrique en países que paguen 16 dólares por hora mínimo—, la cláusula de desaparición que implica que el tratado se cancele cada cinco años a menos que se sienten las partes a renegociarlo antes de que venza el plazo; y los mecanismos de resolución de controversias.

Una solución pronta se ve complicada, la posición de Estados Unidos raya en lo intransigente en ciertos temas como la cláusula sunset y los mecanismos de solución de conflictos, con la clara intención de desincentivar la inversión estadounidense en México. Pero se habla ahora de otra solución, una forma de hacerle cambios al TLCAN sin que sea necesaria una mayor discusión.

El secretario del Tesoro, Steve Mnuchin ha mencionado la posibilidad de un skinny NAFTA, un acuerdo más delgado en el que no sea necesaria la aprobación del Congreso debido a que no se requerirían cambios en leyes. El tema de reglas de origen en el sector automotor podría ser incluido en esta versión ligera de la renegociación, pero no es el caso de las otras cláusulas que sí requerirían pasar por el Congreso y por ende un mayor trabajo de cabildeo.

Mnuchin mencionó también que la Casa Blanca está dispuesta a considerar esa opción, pero aclarando que el objetivo primordial es lograr una renegociación más profunda que tendría que pasar por el Congreso. Existe la posibilidad de un TLCAN flaco, pero la probabilidad es baja, no parece existir la voluntad política para hacerlo.

Ojalá se viera al comercio como lo que es, una oportunidad de intercambio más eficiente que permite que se aprovechen las ventajas comparativas de las economías. No es la panacea para resolver todos los problemas del país, ni debería serlo.

La política exterior no radica en resolver los temas internos, radica en asumir que México tiene un papel importante en el mundo y actuar en consecuencia.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.