Reflexiones del tsunami
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Reflexiones del tsunami

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Reflexiones del tsunami

04/07/2018
Actualización 04/07/2018 - 11:08

Morena arrasó el domingo. Era previsible.

No sólo por la mala campaña de uno de sus contendientes, la pesada lápida del otro y la batalla que sólo se dio entre ellos, sino por el profundo hartazgo de la población frente a temas verdaderamente reprobables como la corrupción, la falta de oportunidades para muchos, la pobreza, la desigualdad.

Coincido en que son problemas lacerantes para el desarrollo del país y para la vida de millones de mexicanos. No coincido, sin embargo, con algunos planteamientos hechos en la campaña ni con varias de las soluciones propuestas por el futuro presidente o su equipo.

El triunfo fue arrollador. La victoria en la elección presidencial fue con 52 por ciento del voto. Me llama la atención que algunos detractores todavía digan que 48 por ciento de los electores no votó por AMLO. La mayoría es innegable. Y el reclamo de cambio también lo es.

Pero no dejemos que la victoria presidencial nos impida ver la verdadera magnitud del triunfo. De las 32 entidades federativas, la preferencia para presidente la tuvo Andrés Manuel López Obrador en 31.

De los nueve estados en disputa, Morena se llevó cinco. La suma de los cinco revela la enorme importancia económica que tienen. En conjunto representan 28.3 por ciento del PIB, incluyendo la Ciudad de México que genera 17.2 por ciento del mismo. Sin embargo, tres de los estados en los que gobernarán — Chiapas, Tabasco y Veracruz — se encuentran en una situación económica particularmente delicada. Prevalecen en ellos la informalidad, la baja creación de empleo formal, la baja escolaridad y por supuesto la pobreza.

Chiapas, de hecho, es donde la pobreza como porcentaje de la población es mayor en el país, bajo cualquiera de las mediciones, y Veracruz es el segundo estado donde hay más personas en pobreza, seguido de Chiapas. A diferencia de otros estados y del país, gobernarán entidades con economías frágiles por lo que el reto será aún mayor.

En la Ciudad de México lograron once alcaldías, de las 16 posibles. La elección del domingo también le otorgará a Morena la mayoría en 19 congresos locales. De los 27 estados en los que se renovaron los congresos estatales, Morena obtuvo la mayoría (respecto a las curules de mayoría relativa) en Baja California Sur, Colima, Chiapas, Ciudad de México, Durango, Guerrero, Hidalgo, Estado de México, Michoacán, Morelos, Oaxaca, Puebla, Querétaro, San Luis Potosí, Sinaloa, Sonora, Tabasco, Tlaxcala y Veracruz. Esto sin contar los legisladores locales que a pesar de haber ganado por otro partido se moverán a la mayoría en cuestión de días, dado que todos conocemos cómo funciona el “pragmatismo” de los políticos.

En ambas cámaras sucedió lo mismo. La petición al electorado de que votara por el carro completo funcionó. Quizás las coaliciones no se mantengan ya que pasaron las elecciones, pero si por el momento sumamos las curules que obtendrá Morena por sí mismo y en coalición, tendrá 218 de las 300 de mayoría relativa. En total, tendrán 310 diputados. Pero pueden ser más una vez que las cosas se acomoden y algunos diputados de otros partidos se den cuenta de que en realidad quieren estar con Morena.

De las 96 bancas por mayoría relativa y primera mayoría del Senado, Morena y su coalición tendrán 54 senadurías. En total lograrán 69 de las 128.

Desde el domingo en la noche hasta hoy escucho y leo sobre el tsunami de Morena. Un tsunami liderado por completo por la figura de su líder fundador, pero apoyado por un equipo que hizo una gran campaña.

Pero cada vez que escudo el término tsunami vienen a mi mente las imágenes de los dos tsunamis reales que he visto en años recientes. Recuerdo las escenas del maremoto de Indonesia en 2004 y las del de Japón en 2011. Sigue sorprendiéndome el arrastre del mar y la magnitud de las olas, pero quizás me impactan aún más las escenas del agua cuando retrocede llevándose todo lo que está a su paso.

Morena tendrá un poder enorme. Todos hemos visto a funcionarios, de todos los partidos, que abusan de su poder, por pequeño que éste sea, desde quienes atienden en los trámites para licencias o pasaportes hasta gobernadores y presidentes.

¿Cuáles serán los contrapesos? Hay quién dice que con tales mayorías no habrá pretextos para implementar las propuestas. Difiero. Los contrapesos siempre son necesarios y lo serán aún más con algunas de las propuestas planteadas por AMLO y su equipo. El poder marea, corrompe y probablemente desquicia a quienes tienen mucho.

¿Qué hará Morena con tanto poder? ¿Qué hará López Obrador? ¿Y su equipo? ¿Estarán dispuestos a escuchar? ¿Quiénes serán las voces que intenten dar un equilibrio a este nuevo acomodo? Más que nunca, los contrapesos serán necesarios para no vivir la resaca del tsunami.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.