Propuestas absurdas
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Propuestas absurdas

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Propuestas absurdas

20/12/2017
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Meade
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Las campañas políticas son un campo fértil para todo tipo de ideas. Con suerte, algunas serán interesantes, pero habrá muchas absurdas. En México todavía no empiezan, pero ya comenzó el desfile de propuestas curiosas. Las tonterías no son exclusivas de los candidatos o precandidatos. También las instituciones han puesto de su parte.

De entrada, la distinción entre precampaña y campaña es ridícula para quien no está en el juego político. Durante este periodo de precampaña, habrá 11 millones 184 mil anuncios en radio y televisión para que los precandidatos promocionen sus propuestas. Los anuncios del precandidato único del PRI terminan diciendo “mensaje dirigido a los integrantes de la Convención Nacional de Delegados”. Ah. Escuchas los anuncios, para después, supongo, fingir que no los escuchamos quienes no somos integrantes del grupo al que va dirigido. Es verdaderamente ridículo.

Luego entramos al juego de las propuestas que intentan enganchar pero que acaban siendo huecas. Llevamos menos de una semana, pero ya hay tela de donde cortar. Una de ellas es el otorgamiento de la renta básica universal que ha propuesto Ricardo Anaya. Al presentar la idea, habló de reordenar el gasto social, con lo cual estoy de acuerdo. Los más de seis mil programas sociales que tenemos abren la puerta al caos en su implementación y a la corrupción, sin hablar de la poca eficiencia y regresividad que muchos tienen. Pero de ahí a sugerir aplicar una renta básica me parece un brinco descomunal. El ingreso básico universal consiste en entregar una suma fija a todos los habitantes de un país —quizá con un monto distinto para los niños— sin ataduras. Es decir, independientemente de su ingreso o situación laboral.

La idea es interesante para economías con un nivel de desarrollo tal que la mayor parte de su ingreso provenga del capital. No se ha aplicado en ningún lugar de forma amplia. Hay un par de experimentos que se están llevando a cabo en este momento. Destaca el caso de un pueblo en Finlandia, en el que se seleccionaron dos mil habitantes, y donde aparentemente ha habido buenos resultados porque los trabajadores presentan menos estrés y mayores incentivos a buscar trabajo.

Pero para que la idea tenga cierta viabilidad desde el punto de vista de las finanzas públicas, este ingreso básico no podría ser mayor que las transferencias que actualmente reciben los individuos. The Economist calcula que para México 900 dólares cubren las transferencias del gobierno sin incluir las relacionadas con la salud. Es el menor monto de los países de la OCDE. Para que funcionara en los países nórdicos, la renta básica tendría que ser de 10 mil dólares por persona. México no está en ese estado de desarrollo.

La propuesta del precandidato, también único, de Morena, de dar becas (¿becas o transferencias?) de tres mil 600 pesos mensuales a los jóvenes que no estudian ni trabajan —los ninis— tampoco tiene sentido. De acuerdo a la OCDE, en México hay aproximadamente siete millones de ninis, lo que llevaría a una carga mensual al presupuesto de más de 25 mil millones de pesos. De acuerdo a los números de López Obrador, se liberarán 500 mil millones de pesos al año al ya no haber corrupción en su gobierno. Así que incluso sobraría para otros proyectos, como el de la beca para universitarios. Dicha beca daría a los estudiantes de nivel medio y medio superior dos mil 400 pesos mensuales. Es decir, los incentivos se alinearán para que haya más ninis que universitarios, a pesar de buscar el “derecho al estudio de todos los jóvenes”.

También ha propuesto revertir la reforma educativa. Podrá cada uno tener la opinión que desee de la actual administración, pero la reforma educativa es un primer paso para cambiar la forma en la que se educa en México. Es un pequeño paso hacia delante en un mundo que va a una velocidad mucho mayor y en el que la brecha educativa no ha hecho más que ampliarse. La propuesta es meter reversa. Con esa idea, el rezago será irreversible.

Un eslogan de José Antonio Meade, el precandidato único del PRI, es “Hagamos de México una potencia”. Frase amplia y aspiracional. El precandidato ciudadano lleva en el servicio público desde 1991 y ha sido la cabeza de cuatro de las secretarías más relevantes. Tiene una excelente preparación académica, conoce los entramados del servicio público y se mueve con facilidad entre colores y partidos.

Sin embargo, a pesar de su paso por Hacienda, Energía, Desarrollo Social y Relaciones Exteriores, no se ha visto en sus encargos ninguna política que nos encamine a ser esa potencia que hoy queremos ser. Quizá sea eso precisamente lo que le otorga la flexibilidad partidista.

Empiezan los precandidatos a proponer, habrá que empezar a evaluar.

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* La autora es profesora de Economía en el ITAM y directora general de México ¿cómo vamos?

Twitter:
@ValeriaMoy

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Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.