Los qués y los cómos
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Los qués y los cómos

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Los qués y los cómos

27/06/2018
Actualización 27/06/2018 - 13:48

Nunca como en las campañas se llena el ambiente de promesas. Los candidatos siempre listos para prometer y los ciudadanos siempre dispuestos a recibir sin preguntar. Los debates se llenaron de promesas de dádivas. Uno prometía construir ciertos kilómetros de Metro y el otro prometía tantos más. Un candidato promete un programa social y el otro promete otro aún más amplio. Se pierden de vista los objetivos, se obvian los datos y se recurre a promesas que no resolverán los problemas de fondo.

Se critica que los candidatos siempre dicen los 'qué' y nunca hablan de los 'cómo'. Sinceramente no sé si sea un tema atribuible a los candidatos o más bien un profundo desinterés de la mayoría de los ciudadanos.

Queremos que se nos garantice el precio de la gasolina, pero a nadie le importa cómo se determina el precio, ni cuánto cuesta producirla o importarla, ni si se grava o se subsidia. Mucho menos nos importa si su uso contamina y por lo tanto tendría que tener un costo asociado. ¿Realmente queremos que cualquiera de los candidatos que está proponiendo bajar y fijar el precio de la gasolina nos explique cómo lo hará? Lo dudo.

Un candidato propone un ingreso básico universal que acaba convirtiéndose en una tarjeta precargada con mil 500 pesos. Se olvida la premisa fundamental del programa, cuya idea ha sido planteada para economías en las que la producción esté basada en el capital como mecanismo de distribución y de pago a un factor trabajo cada vez menos relevante a medida que la automatización avanza.

Hoy ya ni siquiera se sugiere que sea universal sino que aplique a cierto grupo poblacional. Se convirtió en otra promesa de transferencias más, una tarjeta poco distinta a la de los salarios rosas.

En campaña, poco importa que las cuentas no den. A pocos les importa entender cómo se compone el Presupuesto del país. Es más fácil decir que basta con una reingeniería del gasto para facilitar billones de pesos en recursos. Coincido en que es urgente plantear una nueva forma de gastar los recursos públicos, la ineficiencia —en el mejor de los casos— es alarmante. El Presupuesto programado para 2018 se compone de 5.279 billones de pesos. De éstos, 1.476 bdp son recursos que no se pueden tocar por estar de inicio comprometidos, es el gasto no programable. Pero eso no significa que la diferencia, 3.8 billones de gasto programable, puedan ser modificados en su totalidad. De éstos, gran parte ya está comprometido en gasto corriente y pensiones —83.1 por ciento— y el resto son recursos que se destinarían a inversión. Hay que atreverse a tocar el gasto corriente —que implica pago de nóminas, rentas, servicios— para lograr un verdadero ajuste. Lo que se propone es justo incrementar el corriente, vía aumentos en programas de transferencias.

Se ha propuesto también, por parte de al menos dos candidatos, incrementar la inversión pública desarrollando proyectos de infraestructura. Espero que estén considerando que los recursos con los que cuentan las administraciones son finitos y será clave priorizar proyectos y eliminar ciertos rubros de gasto. Además, habrá que tener claridad en los proyectos a desarrollar y validar los criterios de rentabilidad económica y social. Hoy se está construyendo un tren de la Ciudad de México a Toluca que ni siquiera para en el aeropuerto que queda de camino, como ejemplo de lo que no se debe de hacer.

Durante las campañas presidenciales de 2012 los candidatos prometían crecimiento económico, creceríamos entre seis y siete por ciento. En aquel momento llamaba la atención la facilidad con la que prometían crecimiento, dado que éste no se logra por decretos ni con compromisos ante notario, sino que es resultado de las políticas económicas que se lleven a cabo.

En estas campañas parece que nos movimos al otro extremo. Poco o nada se ha hablado de crecimiento. Me parece correcto que ya no lo prometan, pero hoy el bajo crecimiento de la economía en los últimos años ha sido tema fundamental que da pie a las muchas de las promesas que hemos escuchado.

Los datos muestran que el crecimiento económico es la forma más eficiente de combatir la pobreza. Y no estoy hablando de la economía de algún país nórdico.

Es lo que se ve en México. La pobreza extrema está concentrada en Chiapas, Veracruz y Oaxaca. Chiapas ha decrecido en promedio por año 0.3 por ciento en los últimos cinco años y Veracruz y Oaxaca únicamente han crecido 0.6 y 0.8 por ciento en el mismo periodo. La pobreza no se eliminará con más programas sociales. La vía más eficaz será lograr crecimiento económico sólido y sostenido.

Pronto terminarán las campañas y será el momento de ejecutar. Los 'qué' tendrán que alinearse con los 'cómo'. Sin embargo, sería más importante que se alinearan las soluciones propuestas con los problemas existentes. Hay mucho por hacer.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.