Los medios y los fines
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Los medios y los fines

13/06/2018

Los reclamos de la población a los candidatos exigen cambios. Cambios al modelo económico, cambios en la distribución del ingreso, combate a la corrupción, disminución de la pobreza y abolición de la pobreza extrema, mayor seguridad. Me uno al reclamo, pero aún no encuentro las propuestas coherentes y viables para lograr los objetivos.

Se habla de combatir la corrupción, pendiente urgente en el país. Sin embargo, las propuestas para atacar este problema tan complejo no creo que sean tan triviales. Uno propone acabar la corrupción sólo con su honestidad. Cuando con esa misma honestidad que pregona miente sobre el monto mismo de la corrupción citando artículos que no existen. Otro propone la disminución del uso de efectivo, lo cual me parece una medida interesante y aplicable, pero insuficiente para atacar un problema que está enraizado en la sociedad. Para el otro candidato, cualquier promesa de abordar el tema se vuelve inverosímil dados los antecedentes del partido que lo postula.

Ayer en la noche fue el debate sobre temas económicos. Estas líneas tienen que enviarse antes de que suceda, así que no conozco aún el desenlace, pero entre los subtemas a tratar se encuentran el de la pobreza y la desigualdad. Empecemos por el de la pobreza. Existen muchas definiciones de pobreza: la multidimensional, la extrema, la laboral. Todas usan como insumo la información del ingreso que el INEGI recaba en sus encuestas. Se sabe —aunque quizás no se sepa el monto con precisión— que el monto que se revela es menor al realmente percibido. Puede ser por temor a que se retiren apoyos o a ser fiscalizados. Pero este subreporte de ingresos incide en que la pobreza esté sobreestimada. Independientemente del debate sobre los números, coincido en que es tema urgente de resolver en el país. Ese es el fin, pero no queda claro cómo se va a lograr.

Algunos datos que vale la pena poner sobre la mesa. De acuerdo al Coneval, la pobreza multidimensional —los últimos datos corresponden a 2016— es 43.6 por ciento de la población mexicana y la pobreza extrema es 7.6 por ciento. Pero hay enormes diferencias dentro del país. Nuevo León es el estado donde menos pobreza hay, tanto multidimensional como extrema. El primero corresponde a 14.2 por ciento de la población y en pobreza extrema está 0.6 por ciento de la misma.

En el otro extremo se encuentra Chiapas, que tiene 77.1% de su población en pobreza multidimensional y 28.1 por ciento en extrema. De los 15 municipios donde hay más pobreza, todos por arriba del 99 por ciento de la población, ocho se encuentran en Oaxaca, seis en Chiapas y uno en Guerrero.

Claramente hay problemas distintos que se tienen que enfrentar de forma diferente. Se ha intentado disminuir la pobreza mediante programas de transferencias, pero hay que reconocer que no han funcionado. Y entonces vale la pena recordar cuál es el medio y cuál es el objetivo. Si el objetivo es sacar a la gente de las condiciones de pobreza y romper el círculo generacional de la misma, claramente no se ha logrado. El medio, las transferencias, a pesar de ser condicionadas, no han cumplido el fin. Si el objetivo es mejorar las condiciones de vida actual de las personas en esa situación, proveyendo de alimentos, acceso a servicios médicos y de escolaridad, probablemente hayan sido más eficientes.

Si bien son programas paliativos, me parece que el objetivo último debería de ser romper la condena de la pobreza. Es necesario romper con la realidad de que quien nace pobre, se queda pobre. Quizás así también podríamos mejorar en los indicadores de desigualdad. Pero tenemos que darnos cuenta que no es a través de programas de transferencias que eso se logra. Durante 2017, Chiapas y Oaxaca recibieron 80 mil millones de pesos de la Federación que deberían de haber sido destinados a educación, salud e infraestructura básica. Para entender mejor esa cifra, fue casi el doble del presupuesto ejercido por Sedesol en el programa Prospera, 28 veces lo gastado en Comedores Comunitarios y casi el triple de lo ejercido por Conacyt.

La forma en la que algunos estados del norte y centro del país, como el caso de Nuevo León mencionado arriba, han combatido la pobreza es mediante crecimiento económico sostenido. No basta crecer un trimestre o un año, pero en cinco o seis años se pueden lograr cambios importantes si la capacidad productiva de un estado —o del país— cambia. Y la capacidad de producción no cambia con subsidios ni con transferencias. Cambia con inversión, con tecnología, con capital humano, con educación de calidad, con acceso a financiamiento.

Entiendo el atractivo electoral de prometer crecimiento, de ofrecer dádivas por doquier, de sugerir que la corrupción se acaba sólo con decirlo, pero las cosas no son así. Para lograr terminar un maratón, primero hay que empezar a correr.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.