Cuidar la estrategia
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Cuidar la estrategia

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Cuidar la estrategia

31/01/2018
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Estrategia mundial. Shutterstock
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Empiezo esta columna con una aclaración: no soy analista política ni pretendo serlo. Pero me interesa lo que pasa en el ámbito político por sus implicaciones en las decisiones económicas del país y fundamentalmente por su respectivo impacto en la calidad de vida de sus habitantes.

Hoy todas las discusiones giran sobre las elecciones que tendremos en julio. Entre los anuncios, las canciones y las encuestas tenemos material de sobra para una conversación y con las propuestas, pocas aún, o declaraciones de los precandidatos o de sus equipos ya podemos darnos una idea de lo que viene en los próximos meses.

Los candidatos (o precandidatos en esta etapa) no tienen que saber de todo, no tienen que ser expertos en cada uno de los mil ámbitos que implica gobernar. Pero sí tienen la responsabilidad de saberse rodear de gente que sepa. No sólo que sepa cuestiones técnicas, no sólo conocedores de política monetaria o fiscal, de derecho, de seguridad, de finanzas públicas, sino también personas que sepan de estrategia de campañas, de comunicación, de cómo conectar con la gente.

En todas las campañas hay errores, pero los errores cuestan y los candidatos acaban pagando esos costos. Veo en las campañas de los tres precandidatos punteros algunos aciertos, pero también muchos errores. De éstos, los cometidos por el equipo de José Antonio Meade, precandidato de la coalición Todos por México, me han llamado la atención.

La coordinadora de la oficina de la campaña de Meade, Vanessa Rubio, tuvo una entrevista con Javier Risco en su programa de EL FINANCIERO, La Nota Dura, en la que criticó la administración de López Obrador en la Ciudad de México. Criticar me parece un ejercicio útil y más aún en una campaña. Las críticas permiten revisar lo que pasó, en lugar de quedarnos en el tema del momento, pero hay que hacerlo bien y cuidando la información que proporcionas. La exsubsecretaria de Hacienda dice en la entrevista con Risco que en lugar de usar calificativos usará números, porque con los números uno no se pelea. Así, usa las cifras de inflación entre 2000 y 2005 (López Obrador inició su gobierno en la Ciudad de México en diciembre de 2000 y lo dejó en julio de 2005) para comparar el éxito o fracaso de su administración con el de la actual. Menciona que en aquel momento la inflación fue 4.4 por ciento en promedio por año y que en lo que va de este sexenio la inflación ha sido en promedio anual 3.9 por ciento.

Hay varias cosas que preocupan en esa afirmación. Podemos empezar, sin que sea lo más relevante, por el dato de inflación. No sabemos qué datos está comparando ni si está hablando de la inflación en la Ciudad de México o en todo el país. En este caso, si lo que se trata es de comparar administraciones quizá sea más relevante analizar la inflación acumulada. Así, vemos que la inflación en México entre diciembre de 2000 y julio de 2005 fue 22.14 por ciento. Específicamente, en la Ciudad de México fue 22.19 por ciento. En lo que va de esta administración, de diciembre de 2012 a diciembre 2017, la inflación acumulada en el país ha sido 21.97 por ciento.

Pero lo verdaderamente preocupante es que le asigne la responsabilidad del manejo de la inflación al gobernante de una ciudad o de un estado. Ningún gobernador tiene la responsabilidad del manejo de la política monetaria. Pero tampoco los secretarios o miembros del gabinete la tienen. Banco de México, ente autónomo, es quien tiene esa responsabilidad. El objetivo prioritario de Banxico es mantener el poder adquisitivo de la moneda nacional. Tan absurdo es criticar a un gobernante —incluyendo al presidente— por inflaciones consideradas altas, como alabarlo por inflaciones bajas. Entiendo la importancia de la inflación para la población y sin duda será un tema en las campañas, pero el mal manejo informativo de este dato, viniendo de una exsubsecretaria de Hacienda y de Sedesol, entre otros cargos en la administración pública, me parece irresponsable.

Podría tratarse de un desliz, pero también puede verse como la falta de cuidado, de orden y de pulcritud analítica que la campaña del precandidato tecnócrata —preparado, con experiencia— quiere mostrar. No es el primer error y seguramente no será el último. Ninguna campaña estará exenta de ellos. Pero es importante que los equipos que rodean a los candidatos no sólo vean la presidencia como la meta final, sino que también vean la importancia de cuidar al candidato que representan en cada etapa del proceso.

Apenas estamos en el periodo de precampañas. Es aún muy pronto. Los partidos y los candidatos tienen claro lo que está en juego, pero las cartas todavía no están echadas. Están a tiempo de revisar su estrategia y replantearla.

* La autora es profesora de Economía en el ITAM y directora general de México ¿cómo vamos?

Twitter: @ValeriaMoy

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Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.