Crecer, el principal reto
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Crecer, el principal reto

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Crecer, el principal reto

11/07/2018
Actualización 11/07/2018 - 11:28

¿Cuánto debería de crecer económicamente el país? La pregunta no es ociosa y lo es menos si la contrastamos con dos realidades adicionales: cuánto podemos crecer y cuánto estamos creciendo.

Usualmente en las campañas para elecciones presidenciales de cualquier país del mundo el crecimiento económico es un tema recurrente. Para mi sorpresa, en las recientes campañas en México se habló poco del tema. Desde luego que se tocaron temas económicos, me parece que el énfasis estuvo principalmente en la pobreza y en la desigualdad, pero el crecimiento como tal —entendiéndolo de acuerdo a la definición económica de incrementos en la producción— fue tocado de forma tangencial.

Se usó el pobre crecimiento económico de México de las últimas décadas como explicación causal de otros problemas, pero llama la atención que al considerarse la principal causa de la pobreza o de la poca mejora del nivel de vida de la población en general, no se haya discutido con mayor profundidad cómo crecer más.

Durante las campañas y en la semana poselectoral se habló del precio de las gasolinas, de los salarios, de los programas de apoyo para el primer empleo de los jóvenes y las pensiones para adultos mayores, de la inflación. Las variables económicas están siempre presentes. Sin embargo, da la impresión de que se discuten partes distintas y separadas, como si éstas no fueran parte de un todo. Parece que hablamos sólo de los árboles, sin alcanzar a ver el bosque.

Desde luego, el crecimiento económico no es la cura para todos los males ni su medición captura lo necesario para hablar de progreso o incluso de mejoras en la calidad de vida. Ni en su origen estaba diseñado para hacer eso. Simon Kuznets, al proponer esta medida como indicador económico, advertía de que no se debería inferir el bienestar de una nación a partir del PIB. Es una medida imperfecta, pero da una buena pista de cómo van las cosas.

México ha crecido poco en las últimas décadas. Adicionalmente, la principal fuente del aumento en la producción ha sido el crecimiento poblacional. En los últimos 20 años, el crecimiento promedio anual de la economía mexicana fue 2.6 por ciento. Al ajustarlo a términos per cápita, el crecimiento es menor, 1.2 por ciento. Si vamos acortando las brechas temporales, el cambio se hace aún más pequeño. En los últimos 17 años, entre 2000 y 2017, el crecimiento agregado fue, en promedio anual, 2.2 por ciento; por persona fue 0.8 por ciento. Y en los últimos diez, de 2007 a 2017, la economía creció 2.1 por ciento, pero en términos per cápita lo hizo sólo en 0.6 por ciento. El crecimiento no ha sido sostenido. Ha habido periodos en los que la economía mexicana, por razones propias o importadas, decrece y momentos en los que se recupera.

Las tasas esconden la variabilidad del crecimiento. La estabilidad es relevante para lograr mejoras sustanciales en la calidad de vida de la población.

Pero regresando a la pregunta inicial, ¿cuánto deberíamos crecer? ¿Bajo qué parámetro consideramos que estas tasas de crecimiento son bajas?

De entrada, son bajas respecto a lo que el país podría crecer considerando la capacidad ya instalada: el capital existente y el trabajo con el que se cuenta. Si ésta se usara al máximo, la economía mexicana crecería alrededor de tres por ciento, quizás hasta 3.5. Son bajas también si consideramos que México es una economía emergente por lo que debería de crecer a tasas superiores a las que crecen las economías desarrolladas. En términos generales, México debería de crecer a una tasa mayor a la que lo hace Estados Unidos, por ejemplo.

Hoy escucho debates sobre las finanzas públicas, de dónde saldrán los recursos para pagar los programas sociales adicionales, cuál será la postura del endeudamiento público del nuevo gobierno. No es un tema menor y se tiene que debatir. Pero me preocupa que se hable poco de crecimiento.

El crecimiento económico tiene que estar en la agenda pública. Pero hay que enfocarse en lograr que sea sostenido y de largo plazo.

No se tratará de crecer un año o dos, eso se puede lograr con fuertes inyecciones fiscales. El tema es más complejo. Se debe mejorar y ampliar la capacidad instalada para poder incrementar el PIB potencial. El equipo de la nueva administración tiene en mente algunas cosas, pero suenan a ideas aisladas, un tren por aquí, otro por allá, aumentar la inversión pública. Las refinerías serían una gran idea si estuviéramos en los 70. Hoy serán una inversión inútil.

El anhelado crecimiento económico no se dará con una reingeniería del gasto (que es necesaria) ni con proyectos aislados. Será importante crear una estrategia para poder crecer más allá de 3.0 por ciento, y de esta forma resolver algunos de los temas vinculados. Crecer será el principal reto económico de la nueva administración.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.