Contando algunas cosas buenas
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Contando algunas cosas buenas

25/10/2017
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solicitud de empleo
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La renegociación del TLCAN se vuelve cada vez más delicada y la probabilidad de que termine se ha incrementado. México es el país en el que más porcentaje de la población admite haber dado algún soborno para facilitar trámites y evitar multas o sanciones. Sobornar es una práctica que le parece normal tanto al que soborna como al sobornado.

Apenas estamos empezando a reconstruir lo destruido por los temblores de septiembre y ya empieza el ruido sobre el mal uso que se le está dando a los recursos, a veces condicionando la entrega y otras exigiendo el tristemente célebre diezmo a cambio de contratos.

El entorno político se enrarece confundiendo con la idea de que existe una diferencia intrínseca entre ciudadanos y políticos. Se trata de cubrir a los ciudadanos de un halo de pureza y a los políticos de ponerles unos cuernos y un trinche. ¿Qué nos somos todos ambos? Y en este entorno enrarecido con una necesidad cada vez más urgente de transparencia, de rendición de cuentas, de claridad, el país se queda sin fiscales.

Hay muchas nubes negras en el horizonte y el panorama no mejorará conforme nos acerquemos al primero de julio de 2018.

Ese día se decidirán, aparte de quien ocupará la Presidencia, 128 senadores, 500 diputados, nueve gobernadores y cientos de presidentes municipales. Esa elección también influirá en decisiones tomadas con anterioridad, ¿quién protegerá a quién? ¿saldrán impunes aquellos servidores públicos que han robado sin ningún control? Increíble que se aplique la ley en función de la persona que la aplica y sus compromisos.

Las finanzas públicas, que han mostrado más cuidado y cierta mejoría en lo que va de este año, se pondrán a prueba en un año en el que se disputan 2,777 cargos públicos. Como suele suceder, vendrán incrementos en el gasto del gobierno —no importará mucho lo que diga el Presupuesto— y el uso de efectivo crecerá sustancialmente.

Dentro de este escenario caótico, el país se está moviendo. No a la velocidad necesaria, no de manera sostenida y mucho menos de forma equitativa. En las últimas semanas hemos tenido algunos datos positivos de la economía que no deberíamos de dejar pasar. La creación de empleo formal es uno de ellos. La administración actual se había puesto la meta de crear 3 millones de empleos. Con los datos a septiembre de este año, se han registrado 3 millones 133 mil 980 personas en el IMSS desde el inicio del sexenio. La meta ya cambió a 4 millones.

Sin establecer causalidad, podemos ver que la creación de empleo formal (entendiendo como empleo formal plazas registradas en la seguridad social) se mueve en el mismo sentido y de forma cercana al crecimiento de la economía. Pero a partir de 2013 se observa que el empleo formal crece más rápido que el PIB. (Para más información sobre el tema, ver a David Kaplan en http://mexicocomovamos.mx/?s=contenido&id=890).

Mucho se ha criticado este dato con el argumento de que no son nuevas plazas, que no es empleo bien pagado, que es terrorismo fiscal. Tenemos una extraña tendencia a descalificar los datos que no son acordes a nuestra ideología, a nuestra percepción o al discurso con el que describimos nuestra realidad.

La creación de más de 3 millones de empleos es un buen dato en sí mismo. Incluso pensando que ninguna de esas plazas fuera de nueva creación y que únicamente se tratara de formalización de plazas ya existentes, es una buena noticia. A nivel macroeconómico, el empleo formal se hace más productivo con el tiempo. Y esto sin considerar el beneficio que el empleado recibe a nivel personal y familiar al contar con acceso a la seguridad social.

Si bien no hay que descalificar esta cifra, hay que reconocer que será difícil mantener esta tendencia si se ha debido principalmente a la formalización de empleo derivada de la inspección laboral que se ha llevado a cabo durante la administración. Hay mucho que arreglar en nuestro mercado laboral, empezando por las definiciones de formalidad e informalidad que tenemos.

Ayer se publicaron dos datos que también indican algunas mejorías. La inflación bajó a 6.3 por ciento en la primera quincena de octubre, lo que sugiere que ya se había alcanzado el punto de inflexión y que empezará a disminuir. El IGAE —que se usa como proxy del PIB— creció más de lo que esperaban muchos analistas durante agosto, 2.2 por ciento anual. Los servicios impulsaron el crecimiento de la economía en agosto.

Todo suena a que un año que pintaba para tener un mal desempeño económico cerrará mejor que como inició. No es suficiente y no debería de ser excusa para justificar malas políticas económicas. Hay que contar las cosas buenas, pero hay que procurar que sean mejores. 

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Twitter: @ValeriaMoy

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Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.