Sobre las expectativas (segunda parte)
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Sobre las expectativas (segunda parte)

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Sobre las expectativas (segunda parte)

11/04/2018
Actualización 11/04/2018 - 12:52

A veces damos con generosidad a los demás lo que nosotros queremos, no lo que necesitan y no hay nada de malo en ello siempre que no esperemos gratitud eterna por un regalo, una fiesta o cualquier cosa no solicitada.

Recuerdo a un marido romántico que organizaba cenas sofisticadas y viajes románticos para su nada romántica y sí muy práctica esposa. Él vivía resentido porque ella no valoraba lo que él le daba. Si le hubiera preguntado, ella habría preferido que hicieran más paseos al aire libre y que fuera más cuidadoso con la forma de hablarle.

Esperar que la vida ocurra como nosotros queremos es una garantía de decepción. Y cuando esa decepción involucra a otros, también se convierte en resentimiento. No tenemos derecho a enojarnos con los demás por no cumplir nuestras expectativas y quizás estaríamos más tranquilos si las moderáramos y fuéramos capaces de pedir algunas de las cosas que realmente importan (amor, honestidad, ternura, paciencia, solidaridad, igualdad, respeto, escucha, tiempo).

Existen guiones sociales sobre lo que debe hacer un padre, una madre, un hijo, una pareja. A partir de estos guiones construimos historias sobre cuáles son expectativas legítimas: un hombre enamorado es capaz de lo que sea, una buena mamá es incondicional, un hijo está obligado a obedecer. Y todo debe ocurrir sin verbalización explícita, casi por sentido común.

Es muy probable que todas las expectativas no habladas queden frustradas. Hablar abiertamente sobre lo que necesitamos mejora la probabilidad de realización, pero que mejore la probabilidad no quiere decir satisfacción garantizada. Usted podría pedirle a su pareja que no le diga groserías cuando esté enojado y eso no garantiza que él lo deje de hacer. Si así lo decide, ese hombre que la violenta verbalmente tendrá que encontrar un camino para expresarle su enojo y frustración de maneras respetuosas y seguramente será un proceso que tomará algún tiempo.

Con los hijos la frustración es lo esperado porque están aprendiendo, creciendo y madurando. Aunque usted les pida que laven los platos, muchas noches regresará cansada de trabajar sólo para encontrar la misma torre de platos sucios de la mañana.

Las expectativas pueden ser realistas o poco realistas. Es poco realista esperar que los otros se ajusten a sus deseos o que hagan algo sólo porque usted lo desea.

Todos tenemos nuestra propia agenda y queremos hacer lo que nos conviene y cuando alguien espera de nosotros algo inconsistente con nuestros objetivos y valores, nos sentimos mal, fuera de lugar, quizás explotados, injustamente tratados o incomprendidos.

No venimos al mundo a cumplir las expectativas de los demás y los demás no vinieron al mundo a cumplir las nuestras. Los vínculos deberían ser acuerdos verbalmente explícitos sobre lo que podemos dar y recibir, basados en el respeto por la libertad, con un margen de error suficiente considerando que el amor, la amistad y la vida familiar están basados en pactos de buena fe.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.