Los adioses (Beristáin, 2017)
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Los adioses (Beristáin, 2017)

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Los adioses (Beristáin, 2017)

03/10/2018
Actualización 03/10/2018 - 15:36

Rosario se enamora de Ricardo en una especie de erotización del maltrato de un macho dominante, que tal y como lo presenta la directora de Los adioses, Natalia Beristáin, es un tipo altanero, soberbio, extrovertido e irrespetuoso que disfruta retando a la joven y brillante poeta. Parece que Castellanos quedó arrebatada por la osadía del macho alfa que llega a invadirla y tiene la fantasía de ser domesticada, controlada y quizá, piensa ilusamente, protegida. Ricardo representa al hombre estereotipado que para ser un hombre muy hombre tiene que ser seguro de sí mismo y no ceder hasta lograr la conquista. Aunque esta historia ocurre en los cincuenta, se repite hasta el día de hoy, cuando vemos que muchas mujeres, aparentemente fuertes, siguen involucrándose en relaciones amorosas que les causan dolor y en las que deben someterse. Lo que Ricardo hace con Rosario y ella con él, es sabotear en la vida privada los ideales de igualdad plasmados en la obra de la poeta y también los de su vida como académica de la Universidad Nacional. Ricardo le falta al respeto y la envidia porque ni de lejos tenía la disciplina ni el talento de Rosario, quien no puede dejar a un lado la cultura machista que regía la época; un sistema marcado por la desigualdad entre hombres y mujeres. Ella, una adelantada a su época: estudiante, activista, profesora universitaria, escritora y poeta de altos vuelos, con una vida interior compleja y solitaria, viviendo siempre dentro de su cabeza.

Los adioses retrata la contradicción que atravesó buena parte de la vida de Castellanos al mostrar el sufrimiento que su vida amorosa le causó. Obsesionada con escribir le dice a Ricardo “si queremos escribir, tenemos que renunciar a todo”. Él se burla, la sabotea, la interrumpe mientras trabaja, le insiste en que sean padres pero sin la mínima intención de colaborar en la crianza del bebé y casi como un intento de frustrar su vida profesional. Castellanos sufre por las infidelidades de Guerra, que la engaña por narciso, por envidioso y por mediocre. Tener un hijo se le vuelve una pesadilla de lo cual deja testimonio en su poema Se habla de Gabriel a quien amaba pero a quien vive como un intruso que le roba su preciada soledad.

Castellanos es un claro ejemplo de la lentitud con que los cambios culturales ocurren y cómo influyen en la vida personal. Es posible que la poeta hubiera sido más feliz sola, sin pareja y sin un hijo, con su máquina de escribir, con su mundo interior, con sus libros, sus alumnos, sus proyectos culturales, sus colaboraciones semanales en un periódico, sus amigos. Los adioses retrata el tipo de soledad que más duele: la soledad en compañía.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.