Libertad sexual y consentimiento
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Libertad sexual y consentimiento

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Libertad sexual y consentimiento

11/09/2018
Actualización 11/09/2018 - 22:30

No entiendo cómo han llegado algunos y algunas a confundir mojigatería con consentimiento. Y lo entiendo menos en un país como este, en el que 1 de cada 3 mujeres ha sufrido violencia, incluida la sexual, nada menos que de sus parejas. Recordé el artículo que escribí en enero dando mi opinión sobre la respuesta francesa al movimiento #Metoo. Deneuve, Millet y otras decenas de firmantes, estaban preocupadas por el puritanismo que invadía la vida sexual. Martha Lamas ridiculizó el consentimiento diciendo que la seducción no podía pasar por acuerdos verbales “torpes” como preguntar ¿te puedo dar un beso, tocarte la rodilla, quitarte el sostén? Lamas llevó sus argumentos aún más lejos al decir que las universitarias norteamericanas eran irresponsables en su consumo de alcohol y después se victimizaban por haber sido violadas.

Algo similar hizo Alma Delia Murillo el sábado pasado en su exitosa columna en el portal de Sin Embargo, en un artículo que títuló: ¿Coger con ganas o coger con protocolo? en el que defiende la libertad de que cada quien tenga la vida sexual que le dé la gana sin que la “policía de la corrección política” nos dé instrucciones de qué se vale y qué no. Murillo hace equivalentes a las estructuras eclesiásticas y patriarcales con el feminismo. Utiliza casi la misma caricatura del consentimiento que Lamas, afirmando que ir pidiendo luz verde al otro en una situación sexual consentida, es anti erótico, es asesinar al “animal” que llevamos dentro, es relacionarse con el cuerpo desde la represión y no desde el goce.

La libertad sexual de las mujeres es la principal causa feminista desde 1968 y lo sigue siendo. Nadie la ha anulado, nadie pretende legislarla y mucho menos los movimientos feministas, que son varios y con posturas particulares. No es lo mismo el feminismo negro, el lésbico o el posmoderno. No es igual si quien opina es una mujer urbana o rural, blanca o morena, universitaria o analfabeta.

La libertad sexual no se contrapone al consentimiento, al contrario. Qué encuentro podría ser más íntimo y confiado que el de dos que hablan de lo que les gusta y lo que no y que saben con claridad cuándo fue la última vez que la pareja nueva y reluciente se hizo unos exámenes clínicos de salud sexual. Llevado al extremo, un encuentro podría caber en la categoría sado masoquista. Si fue consentido explícitamente, no hay nada más que opinar.

Me parece mucho más en contra del deseo que en la cama se den prácticas “espontáneas” que puedan ser dolorosas o sentirse como humillantes, generalmente para las mujeres, que a veces no saben, no pueden o temen decir que no. Las mujeres dicen sí al sexo por obligación, por miedo al enojo o a la venganza económica de la pareja y sólo muy recientemente, porque también lo desean.

¿En serio es anti erótico que el otro pregunte si te puede morder, nalguear o asfixiar un poquito? Lo dudo. No tendríamos porqué suponer que todo va a estar bien sólo porque decidimos tener un encuentro sexual con alguien. Como dice Malena Pichot en su stand up de Netflix: si en el último minuto no quieres estar ahí, te puedes ir y deberían dejarte ir.

Pero muchos no lo entienden o quizá prefieren ignorar todos los crímenes sexuales que empezaron en una cama en la que dos parecían quererse.

Algunas mujeres siguen sometiéndose a prácticas sexuales que no les gustan porque ellos mandan, porque así son los hombres (un poquito violentos a veces, un poquito egoístas), porque la opresión ha sido internalizada durante siglos y recién comienza a desmontarse. MacKinnon sostiene que la mujer vive una falsa conciencia y cree que no puede tomar decisiones fuera del sistema patriarcal. Es una radical, aunque sin ella, #Metoo hubiera sido imposible. Butler cree (y yo con ella) que es posible deconstruir y reconstruir lo masculino y lo femenino.

¿No sería mejor preguntarse lo que queremos y creemos en lo personal en lugar de denunciar puritanismos inexistentes dentro de los feminismos? Estaría bien dejar de hablarle al mundo y hablar mejor de cada uno, que es la postura más política y honesta a la que puede aspirarse.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.