Adicción a la comida
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Adicción a la comida

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Adicción a la comida

31/01/2018
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Comer como adicción (Shutterstock)
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Una de las consecuencias de las fracturas emocionales que todos padecemos en mayor o menor grado es sostener una relación incontrolable y tormentosa con las sustancias: alcohol, cocaína, opioides, azúcar y quizá también con la comida. Que exista la adicción a la comida aún no se comprueba de modo concluyente. Entre la comunidad científica se habla más de una adicción a comer y no a la comida.

En el Manual Diagnóstico de Enfermedades Mentales (DSM) aún no se reconoce la adicción a la comida, aunque existe un instrumento que fue creado en 2009 y revisado en el 2016 por la Universidad de Yale (Yale food addiction scale). Los criterios de esta escala se parecen a los que clasifican dependencia a sustancias (tolerancia, síndrome de abstinencia, intentos repetidos por dejarlas). La escala está basada en el DSM IV en su capítulo sobre adicciones.

La adicción a la comida podría parecerse al trastorno por atracones, o sea un grado muy severo de un trastorno alimenticio, que afecta aproximadamente al 20% de la población mundial, siendo en su mayoría mujeres. El 50% de las personas con trastorno por atracón padece esta adicción. Algunos estudios demuestran que el 100% de los pacientes diagnosticados con bulimia nerviosa padecen la adicción. Un estudio demostró mediante la encuesta de Yale que solo el 16% de las personas sanas tienen esta adicción.

Los síntomas de la adicción a la comida son los mismos que los del trastorno por atracones: Comer más de lo que se había planeado, poco control durante la comida, seguir comiendo a pesar de las consecuencias negativas, antojos intensos, poca regulación emocional, alta impulsividad y mayores niveles de depresión, dificultad para manejar las emociones y autoestima baja.

Algunos estudios recientes sugieren que los pacientes con adicción a la comida y trastorno por atracones presentan alteraciones en el sistema de recompensa cerebral, observables en resonancias magnéticas y son parecidas a las que padecen las personas con abuso de sustancias. También se ha comprobado disfunción en el sistema dopaminérgico y en el opioide que están asociados a la compulsión por comer; mientras más comida placentera recibe el cerebro, menos responde a su propia dopamina, creando la necesidad de comer más y más para compensar.

Mucho más concluyentes son los estudios sobre el azúcar como precursora de una adicción muy dañina para todos los órganos incluido el cerebro. El consumo de azúcar está altamente relacionado con la epidemia de obesidad y diabetes infantil.

En un artículo publicado en el British Journal of Sports Medicine (DiNicolantonio, O´Keefe y Wilson) los investigadores reportan que “los datos demuestran que el consumo de azúcares añadidos tiene efectos similares a otras drogas como la cocaína o el opio. Se han podido identificar comportamientos propios de los adictos a las drogas en los consumidores de azúcar: atracones, ansiedad, tolerancia o síntomas de abstinencia.

Otros investigadores han concluido que la información con la que se cuenta es insuficiente para incluir al azúcar dentro de las listas de sustancias adictivas.

El problema de obesidad en México está fuera de control y somos el mayor consumidor de refrescos en el mundo. La relación con la comida puede convertirse en un círculo virtuoso si se le ve como una fuente de salud y de prevención de enfermedades o en uno vicioso, ya que una relación adictiva con la comida puede derivar en un trastorno ansioso depresivo y un trastorno ansioso depresivo puede manifestarse en adicción a la comida. La comida no es una recompensa ni un sustituto de la expresión emocional. Es común que los pacientes que no pueden bajar de peso a pesar de quererlo y de contar con el apoyo de un médico experto en nutrición, requieran de apoyo terapéutico para analizar su relación con la comida, si están compensando alguna carencia emocional con ella y para construir nuevas narraciones sobre el significado que la comida puede tener en sus vidas.

Vale Villa es psicoterapeuta sistémica y narrativa. Conferencista en temas de salud mental.

Twitter: @valevillag

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