Opinión

Útiles después de muertos

Mi tesis, basada en la cronología de los hechos, fotos, videos y mi vivencia como presidente de la sociedad de alumnos de la Escuela Libre de Derecho en 1968, es que los aproximadamente 30 jóvenes asesinados en la plaza de Tlatelolco en el 68 fueron sacrificados por una célula conformada por el mismo grupo de sus líderes. Desde las alturas de un edificio dispararon con una ametralladora a estudiantes y soldados, que todavía se hallaban en la plaza, una vez terminado el mitin y ya se habían retirado los líderes que hablaron. Ver “Tlatelolco 68: 46 años de mitos”: http://bit.ly/1tijU4V.

Demuestro con fotografías y documentos en el libro “Porque Chiapas”, que el grupo de guerrilleros que en enero de 1994 disparó a un cuartel del ejército, en su retirada, al enfrentarse a los soldados, colocaron indígenas con palos en forma de rifles al frente para crear víctimas. Ningún guerrillero bien armado, entrenado y con vestimenta diferente a la de los indígenas, murió en ese enfrentamiento. Ver fotos en: http://bit.ly/1sJmMqL.

Para conocer todas las causas de la injustificable y cruel matanza de 43 estudiantes de la normal rural de izquierda en Ayotzinapa, conocida por su radicalismo y enseñanzas del marxismo-leninismo, de donde salieron los guerrilleros Lucio Cabañas y Genaro Vázquez, es indispensable investigar porqué los líderes radicales de esa institución, teóricamente educativa, decidieron secuestrar camiones y enviar en la tarde noche del 26 de septiembre a un grupo de jóvenes hacia un municipio a 260 kilómetros de distancia y 3 horas y media en camión, sin ningún motivo académico o relacionado con el objetivo de una normal que forma maestros para educar a los niños.

Condenamos, como la mayoría de los mexicanos, la masacre de esos jóvenes estudiantes en medio de una guerra entre grupos criminales, en los que estaban presuntamente inmiscuidos funcionarios de un partido de izquierda. La interrogante es porqué el “comité” directivo de esa normal mandó a los estudiantes al matadero. Mientras no den una explicación creíble y fundamentada de para qué enviaron a Iguala a esos jóvenes en camiones secuestrados, sabiendo el peligro que corrían, que culminó con su muerte, cabe la hipótesis que fue para darle vida a su movimiento radical, para hacerlos “útiles después de muertos”, frase con la que Carlos Manuel Pellecer tituló la novela publicada a finales de los años 60, donde describe las obscuras estrategias en esos tiempos del partido comunista cubano.