Opinión

Usted decide

    
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Usuario de smartphone

Hace cien años era muy difícil escuchar música si no era en vivo. En 1917 no habían aparecido los discos comerciales, y sólo había algunas grabaciones en cilindro. Casi todos morían sin haber escuchado alguna vez a Mozart o Beethoven. Hace cincuenta años, era posible conseguir grabaciones muy decentes de estos compositores, y muchos otros más, en discos de 33 revoluciones. Pero además ya había una avalancha de músicos populares, para todos los gustos. Había que cuidar los discos, que se rayaban con facilidad. Hace treinta años, las grabaciones eran todavía más abundantes, y además existían en CD, menos susceptible de dañarse. Las personas normales pudieron empezar a grabar música en casetes después de 1963, y los podían escuchar casi en cualquier lado, desde 1979, gracias al walkman, una especie de antepasado del iPod. Éste apareció en 2001 y poco después inició el flujo de música a través de la red (que había aparecido en 1994). Hoy, usted puede suscribirse a un sistema de música vía streaming y escuchar lo que guste por unos pocos pesos al mes.

La evolución del cine y de la televisión es parecida, pero más acelerada. Hace cien años estaba por aparecer el cine sonoro. La TV lo hizo después de la II Guerra Mundial. Uno podía ver lo que había: las películas que proyectaban en el cine local, los programas del canal disponible. Para los años sesenta ya había algo de competencia entre cines, y casi un puñado de canales televisivos. Hoy, usted puede elegir lo que quiere ver, también usando un sistema de streaming, por unos pocos pesos al mes.

Todo mundo sabe lo que acabo de comentar. Es evidente el avance tecnológico que nos permite ahora gozar de ciertas cosas que eran inimaginables para personas como nosotros hace 50 o 100 años. Lo que no es tan claro es qué significa esto en materia económica, por ejemplo. No había una industria del cine o de la música grabada en el siglo XIX. Aunque había actores de teatro, cantantes de ópera y directores de orquesta exitosos, no hay comparación con lo que ocurrió durante el siglo pasado. Esto es mucho más claro en la música popular, que permitió a jóvenes talentosos hacerse millonarios mientras divertían a millones de sus contemporáneos.

Pero hay algo que ocurre en los últimos años que me parece que no hemos aquilatado. En este siglo XXI, quien decide no es el estudio de cine, el productor de música o el grupo popular. Quien decide es usted. Puede elegir qué quiere ver o escuchar, casi sin costo, de un menú amplísimo. Puede ver una película aunque ya no se exhiba en el cine, o un programa de televisión que se emitió por última vez hace 25 años. Puede escuchar al cantante de ópera que guste, cuando quiera, aunque ya se haya retirado o muerto. Pero, insisto, es usted mismo quien decide.

Esto tiene un significado mayúsculo, que ya decía no estamos percibiendo: ya no hay medios masivos. Sin duda sigue existiendo cine, televisión e incluso industria musical (aunque ya muy diferente), pero no hay una emisión que vean millones de personas de forma simultánea, salvo eventos muy específicos: la toma de posesión de Trump, el Super Bowl, la entrega de los Oscar, o cosas así. Pero aún eso puede verse en otro momento, si uno quiere.

Sin medios masivos la información que reciben las personas ya no sigue un único flujo. Ya no todos reciben lo mismo al mismo tiempo. El impacto de eso en la vida pública es inmenso. Lo platicaremos.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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