Opinión

Urgente reforma en patentes

A pesar de su escasa vistosidad y su baja popularidad, contar en el país con una ley actualizada para la protección de la innovación es prioritario. Así como existe consenso en que la innovación es la llave de entrada a los mercados internacionales y el común denominador del éxito empresarial, poca o nula atención se otorga al mecanismo legal diseñado para su protección y promoción: “las patentes”.

Históricamente, nuestra ley en la materia ha representado una forma de reacción a los requerimientos de las empresas extranjeras por mejor protección, y una carta de intercambio que México ha empleado para negociar en los grandes Tratados. Una vez más, a la luz del TPP se vislumbran exigencias que seguramente deberán reflejarse en nuestra legislación interna. Sin embargo, hoy las cosas pueden ser diferentes si queremos entender que las patentes no sólo constituyen un sistema para la protección de invenciones, sino un mecanismo promotor que si es debidamente gestionado puede generar incalculables beneficios para nuestra economía. Basta en ese sentido revisar la orientación de diversas leyes asiáticas para develar las formas diversas que se pueden implementar para impulsar la innovación, fondear su exportación, promover investigación y mejorar la protección.

Entre las ventajas que podríamos con facilidad imitar se encuentra el estímulo dispuesto por la ley para apoyar la conservación de patentes cuando los inventores independientes o las Pymes las ponen a disposición de quienes deseen una licencia, reduciendo significativamente los costos asociados; de esa manera no solo se fomenta la apertura de tecnologías novedosas a empresas interesadas en explotarlas, sino que se reducen las altas cargas impuestas a los titulares de derechos para su mantenimiento.

Otra de las formas de promoción que diversos países han regulado consiste en identificar, del gran inventario que el banco de patentes constituye, aquellas que manifiestan alcances comerciales significativos, para apoyar su expansión en la forma de licencias o productos exportables. Para ese fin el Estado debe proveer los mecanismos oportunos para fondear las importantes inversiones que la protección internacional de una invención exige; resulta sorprendente conocer las muchas invenciones de mexicanos que han caído al dominio público por falta de recursos de sus desarrolladores para protegerlas.

De hecho, una constante que aparece repetidamente en leyes de patentes es el estímulo fiscal a los innovadores, consistente en gestionar bajo subsidio cualquier gasto realizado para la obtención de patentes por parte del desarrollador. Además, la reforma de la ley de patentes bien podría alojar ya la tutela de los llamados “modelos de negocio”, que es un tipo de invención en el que nuestros innovadores podrían aportar muy interesantes proyectos en el terreno financiero y de negocios por internet.

Si bien México solo responde con reformas a las exigencias de sus socios comerciales, está vez, cuando el TPP nuevamente se imponga como el parámetro atendible, podemos dar un salto de calidad y diseñar una ley que proteja y promueva decididamente la innovación de los inventores mexicanos.