Opinión

Urgen cambios de personas y actitudes

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Peña Nieto. (ilustración)

La segunda mitad del sexenio, que en los hechos inicia la próxima semana, aunque formalmente sea el 1 de diciembre, tiene que servir para consolidar lo hecho y corregir errores.

Se hizo una gran reforma educativa. Ahora hay que echarla a andar. No es lo mismo.

Apenas se sentaron las bases para que el Estado recuperara la rectoría en ese ámbito, pero falta todo lo demás: mejorar la calidad de la enseñanza pública para que el piso sea más parejo en la competencia por los empleos y los sueldos. Así se modera la desigualdad.

La reforma energética fue un paso enorme, aunque hay que adaptarla al mundo de 2015, que en materia petrolera dio un vuelco radical respecto de 2013.

Tuvimos una reforma fiscal con aciertos y errores, pero hay que adecuarla para generar crecimiento y actividad productiva, acorde con el nuevo contexto económico.

Hay una sociedad más participativa, que ha mostrado su rechazo a la corrupción y al compadrazgo a la hora de asignaciones de obra pública.

No podemos ir a enormes concursos de construcción de infraestructura, con los mismos rostros que han sido cuestionados en el primer trienio del gobierno.

El país cambió en tres años y el gobierno también debe cambiar.

Había un gabinete adecuado para un México que ya no es el mismo.
Deben cambiar personajes y actitudes.

Algunos miembros del equipo gobernante ya cumplieron su tarea, bien, mal o regular, o están cansados. Su hora pasó.

El gobierno necesita ganar credibilidad y popularidad, no para alimentar la egolatría, sino para gobernar en armonía con los ciudadanos.

Durante este primer trienio vimos el deterioro de la relación entre gobernantes y gobernados porque hubo un mal ejercicio de comunicación, tal vez deliberado, que relegó a un papel secundario a medios tradicionales y a redes sociales.

Las desgracias de este gobierno comenzaron con los asesinatos de normalistas de Ayotzinapa, pues cuando quiso expresar su “verdad histórica” sobre esa tragedia no fue creída. El divorcio con la sociedad y con sus puentes, los medios de comunicación, ya se había consumado.

Esa tendría que ser una de las tareas centrales de la administración del presidente Peña a partir de la próxima semana, recomponer su relación con la sociedad, que está rota. No hay confianza.

No puede ser que los que mandaron al matadero a 46 normalistas de Ayotzinapa, culpen ahora al gobierno de esa desgracia. Y gran parte de la sociedad está de su lado.

A esa aberración sólo se llega con la pérdida de la credibilidad. Es preciso recuperarla, y para eso hay tres años por delante.

Es inaceptable que en lugar de infundir ánimo social, el gobierno coseche desaliento y falta de esperanzas en la población, con dos millones 200 mil pobres más en el país.

Tercer Informe. Segunda mitad del sexenio. Tiempo de consolidar lo que se hizo bien, corregir lo que ha estado mal, y adecuar equipo y actitudes para cerrar al alza.

Twitter: @PabloHiriart

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