Opinión
EMILIO ÁLVAREZ ICAZA, SOCIÓLOGO 

“Urge algo nuevo, una candidatura independiente”

 
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Emilio Álvarez

Para entender a Emilio Álvarez Icaza hay que saber, de entrada, dos cosas: que es el duodécimo de 14 hijos y que sus padres, fundadores de Cencos, son “de una militancia católica” remisa.

A los cinco años, el niño Emilio fue atropellado frente al parque de Tlacoquemécatl. De milagro no murió. Es indeleble la memoria de la cercanía de sus padres y hermanos. “Fue mi primera experiencia acerca del significado del cariño y la solidaridad en una tragedia”.

En 1968, su padre, José Álvarez Icaza, abandonó su empresa constructora y fundó el Centro Nacional de Comunicación Social, uno de los ejes de la vida de su hijo Emilio. Rompió con los obispos católicos y emprendió una inagotable labor de ecumenismo y derechos humanos. De pasada, cambió el modelo familiar. De la casa se encargaría toda la familia, sin ayuda doméstica. No fue nada fácil. Incluso fue un breve cisma familiar. Altas dosis de caos culminaron en asambleas familiares. Entre el primer y el último hijo hay 18 años de diferencia. Las mujeres eran mayoría, y tenían el poder y la autoridad porque entre ellas estaban las mayores, hasta que las disputas modificaron la lógica y se formaron equipos mixtos.

Durante su adolescencia, dominó la precariedad en casa, en parte debido a la opción de sus padres por un catolicismo progresista. Los hijos abandonaron las escuelas confesionales –sus padres se habían acercado a los teólogos de la liberación– y entraron en escuelas públicas.

Emilio ingresó al CCH Sur y luego a la UNAM, donde estudió sociología. Además de los boy scouts (a cuyo consejo nacional pertenece), su vida se centró en Cencos, con el que se involucró de manera temprana como mensajero y analista.

Por esos tiempos se dejó crecer una apretada barba que lleva hasta la fecha. “Qué necesidad de avejentarte”, se lamentaba su madre. “Tengo la piel delgada”, juguetea. “Me irrito con facilidad”.

Después de estudiar la maestría en ciencias sociales en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) y de un largo viaje por India y Europa, volvió y se entregó al centro fundado por sus padres, arrastrado por su vocación social. “Mi vida ha transitado en un triángulo: sociología, comunicación y derecho, y Cencos fue el espacio donde pude desarrollarlo a plenitud”.

Tras el 'trauma' electoral de 1988, su energía se volcó en la organización de redes civiles de observación electoral, empezando por la de San Luis con Salvador Nava. “Me cambió para siempre mirar la fuerza de la dignidad”. Y después de dirigir Cencos, formó con otros Alianza Cívica.

Álvarez Icaza fue elegido después como consejero electoral en el Distrito Federal (DF), donde sus compañeros se burlaban por su juventud. “¿Qué fue Emilio antes de ser consejero?” “Niño”, se respondían entre carcajadas.

En 2001 peleó, y ganó contra todo pronóstico, la presidencia de la Comisión de Derechos Humanos del DF. Ahí comenzó a enfrentarse con la izquierda. Su más reciente desavenencia ocurrió cuando presentó Ahora, el movimiento que encabeza para contender por la presidencia. “La izquierda gobernante no defendía las causas por las que había luchado y si la criticabas, se sentía atacada. Yo esperaba que encabezaran la indignación”, cuenta.

Después, de manera inesperada, trabajó con Marcelo Ebrard, con quien se había confrontado cuando fue jefe de la Policía. Juntos construyeron un programa modélico de derechos para la ciudad que se reprodujo en varias ciudades y terminó convirtiéndose en ley.

El paso casi natural de Álvarez Icaza a la Comisión Nacional de Derechos Humanos fue obstaculizado por el PAN, que lo vetó por su apoyo a la agenda de la comunidad LGBT y su postura a favor de la interrupción del embarazo; el PRI le cobró las facturas de anteriores observaciones electorales. Se convirtió en consultor, hasta 2011, cuando fue asesinado Juan, el hijo de Javier Sicilia. “Raquel (su esposa) me dijo varias veces que fuera a verlo, y ahí comenzó un camino como de años, el más fuerte y doloroso de mi vida”.

Se postuló para encabezar la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, sin horizonte profesional claro en México, ni en el ámbito electoral ni en el de los derechos humanos. Sin embargo, le pesaba distanciarse del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad.

Le tomó por sorpresa el presupuesto casi ridículo de la Comisión Interamericana –“es como una ONG cubana en la Habana”–, pero no su enorme impacto en la opinión pública internacional.

“Se trataba de una relación inversa de lo que pasa en México, donde hay muchísimos recursos y poco impacto”.

-Volviste muy pronto…

-Lo sé. No me quedé porque Raquel y yo teníamos un pacto conyugal según el cual el crecimiento de uno supone el crecimiento del otro. Ella es socióloga, tiene un doctorado, y estaba como al 20 por ciento de su capacidad; era una especie de planta de luz a la sombra a pesar de que allá escribió un libro, estudió inglés y trabajó a por los dreamers. Y después de Ayotzinapa y de Tlatlaya, si bien la CIDH me daba la oportunidad de trabajar por México, tenía 34 países más que atender. Muchas cosas me jalaban hacia México y pocas me mantenían allá.

Entonces emprendió otra búsqueda de futuro, porque la situación lo amerita: “Cuando me fui a Washington, el límite de la ignominia era Ulises Ruiz. Cuando regreso ni quien lo mentara. El nuevo PRI se volvió más corrupto, más violento y más criminal que nunca… Antes estábamos en el hoyo, pero se hizo aún más profundo. Nos gobernaban los corruptos y ahora nos gobiernan los criminales. Por eso urge explorar algo nuevo, como construir plataformas de candidaturas independientes. Para nosotros no es opción optar por el menos malo. Nadie representa la agenda de las víctimas, la de los derechos humanos, la de la diversidad, la del medio ambiente, la de la transparencia, la de rendición de cuentas”.

-Entiendo el sentido y la oportunidad de construir una bancada independiente en el Congreso… pero la candidatura a la presidencia se ve lejana e inviable...

-Puede ser, si no hay un piso de realidad, si no tiene viabilidad, a otra cosa, pero de que vamos a darles batalla, la vamos a dar.

Twitter: @scherermar

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