Opinión

Universidades y sociedad: ¿buen matrimonio?

Roberto Escalante Semerena

Del 10 al 14 de febrero se celebró en La Habana el noveno congreso internacional de educación superior con el lema: “Por una universidad socialmente responsable”. Este congreso convocó a actores relacionados con la educación superior, principalmente de América Latina y el Caribe, aunque también estuvieron presentes representantes de universidades y gobiernos de África y Asia.

El tema del congreso fue amplio y polémico. Un tema recurrente de discusión y análisis es la importancia y la responsabilidad que las universidades tienen con la sociedad. En el caso de las universidades financiadas con recursos públicos el tema se posiciona como un ítem obligado. El entendimiento es que si las universidades públicas reciben fondos públicos para hacer investigación, entre otras, esta actividad debe estar muy relacionada con lo que los problemas que la sociedad, a nivel municipal, regional, estatal o nacional, necesita resolver. Sin embargo, para el caso de las universidades privadas es tema tampoco es ajeno. De nombrarse es el caso de varias universidades católicas.

Como sabemos, América Latina padece de carencias estructurales de larga data y de otras que son más recientes, pero no menos importantes. Los temas de la desigualdad, de la pobreza, de escasa cobertura universitaria, de escasa o mala atención a los problemas de salud, de agua y otros temas, marcan una agenda a la que se antoja que las universidades no pueden ser ajenas. Y otros asuntos que se han incorporado a la problemática, también reclaman atención y tienen relación con el quehacer universitario. Los temas ambientales, de manejo de los recursos naturales y en general de la sustentabilidad, son retos que deberían incorporarse a la agenda universitaria.

La dificultad estriba en que, en general, aunque existen excepciones muy distinguidas, en América Latina y el Caribe, universidades públicas y privadas han prestado poca atención a los problemas de su entorno. Sus preocupaciones se han centrado más en temas que podemos calificar como estrictamente académicos y endógenos. Las exigencias hoy día al interior de muchas universidades enlistan temas como: cuántas publicaciones en revistas internacionales de alto impacto han hecho sus investigadores, o que es lo que falta por hacer para escalar en los rankings internacionales o simplemente, como aparecer en ellos.

Y a pesar que nadie puede negar, por ejemplo, la importancia de las publicaciones, los cuestionamientos aparecen en relación con el contenido de ellas y, sobre todo, si son aportes que parten de la investigación de problemas que aquejan a la sociedad. Un sonado ejemplo es el de los economistas, particularmente los de orientación ortodoxa. Lo importante para muchos es publicar en revistas internacionales artículos cuyo contenido son disquisiciones irrelevantes e ininteligibles.

Las universidades necesitan repensar su relación con la sociedad y definirla claramente con base en principios orientadores. Algunas ideas que pueden abonar en esa dirección son las siguientes:

El gran tema de la actualidad es la sustentabilidad. Pero este tema no se refiere solo a los temas ambientales. Lo central está en que la solución a los problemas ambientales resuelva la sustentabilidad social, sobre todo cuando la insostenibilidad social está basada, en América Latina, en la desigualdad. El conocimiento tiene que ser socialmente útil.

El programa de acciones de las universidades debe tener el propósito de incorporar a nuestras instituciones al proceso de generación de condiciones de crecimiento sostenido y sustentable económica, política y socialmente.

Las universidades y centros de investigación deberían impulsar proyectos de investigación que se propongan desarrollar posibles cursos de acción que generen alternativas integrales, incluyentes y solidarias que se ocupen, por ejemplo, de la soberanía alimentaria, el cambio climático;

La agenda universitaria tiene que incorporar en un lugar prioritario la implementación de programas que fomenten diferentes iniciativas del desarrollo local;

Es necesario implementar mecanismos de aseguramiento de la calidad, certificación y acreditación. Pero también se precisa replantear el concepto de calidad educativa y proponer mecanismos de aseguramiento de esa calidad acordes con la utilidad social del conocimiento.

Hay que superar las limitaciones que derivan de un enfoque en el que la eficiencia universitaria se entiende en términos endógenos y no en su relación con propósitos más amplios. La eficiencia debe ser social y académica.

Hoy casi nadie se casa en una sola ocasión. Las universidades tienen que abandonar el viejo matrimonio para unirse a una visión más social con calidad académica.