Opinión

Unidos por el espanto

 
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Frente Ciudadano

No está funcionando el Frente. Su integración pragmática impidió que antes fuera una idea. No los reúne un ideal sino una circunstancia: competir unidos –tres partidos y un conjunto variopinto de organizaciones de la sociedad civil– contra Morena y el PRI. El Frente no avanza.

Más allá de su objetivo electoral concreto, no sabemos a lo que aspira. ¿Quiere transformar a fondo al país o pretende tan sólo enderezarlo? Como el PAN en el 2000, ¿se adaptará al sistema conservando sus vicios? Como el PRD en la Ciudad de México desde 1997, ¿será sólo una versión un poco mejorada del PRI, pero igualmente clientelista? Como Movimiento Ciudadano, ¿se venderá al mejor postor en busca de su beneficio? Los organismos ciudadanos que lo integran, ¿podrán desterrar, antes que los grandes problemas nacionales, las rémoras y taras de los partidos que ahora conforman la alianza? ¿Hacia dónde apunta el Frente?

Como en el poema de Borges, no los une el amor sino el espanto del populismo autoritario representado por Morena y el PRI. Pero no basta. Para que el Frente cale en la sociedad debe ser por fuerza ciudadano (ante el desplome de la credibilidad de los partidos) y hasta ahora no lo es.

Se presentó hace poco un desplegado (que yo firmé) de ciudadanos que pedían a los partidos del Frente que los dejaran participar en los acuerdos de la cúpula. Con ello se puso en evidencia que los ciudadanos estamos fuera del proceso de toma de decisiones. Ese llamado interrumpió el alegre reparto que los partidos hacían del pastel de las candidaturas. Se me puede decir, y quizá tengan razón, de que en otros lados es peor. Sólo hay que ver las horrorizadas declaraciones de hace unos días de Yeidckol Polevnsky, segunda de abordo de Morena, en las que criticaba que el Frente aceptara en su seno a ciudadanos. ¿Ciudadanos en los partidos? El Horror.

En el Frente no se han puesto de acuerdo ni siquiera en el mecanismo para elegir a sus candidatos, tema central, y ya estamos en noviembre. Cuando por fin hayan diseñado el mecanismo, la cohesión del organismo –ante la inconformidad de los que no fueron electos– se pondrá a prueba. Y luego: si para un determinado puesto el candidato seleccionado proviene del PAN o PRD, ¿impulsarán una agenda común o darán preferencia a los intereses de sus partidos? No se sabe. El Frente ha hecho de la opacidad una de sus divisas.

Recientemente se publicaron los resultados de Latinobarómetro. México ocupa peligrosamente los últimos lugares en cuanto al apego a la democracia. ¿Tomaron nota los partidos? Desde luego que no. En vez de mayor democracia el PRI anunció un dedazo apenas disfrazado, y en Morena, sin ningún rubor de su aguerrida militancia, veremos el penoso espectáculo del candidato autodesignado. Uno esperaría que el Frente fuera distinto. Pero viéndolo bien, ¿por qué habría de serlo si el Frente no nació con la bandera de la profundización de la democracia, sino como acuerdo de una élite?

El Frente intenta sumar partidos divididos (el PRD sin la militancia amlista y el PAN sin el calderonismo) y una sociedad civil atomizada. Se pretende que el resultado de esa suma de fracciones sea un Frente compacto, algo que se antoja complicado.

Pero sobre todo: el Frente debería desmarcarse de la política tal como la hemos entendido en México desde hace décadas. Debería enarbolar seriamente la democracia, el estado de derecho y la transparencia. Se debería subrayar: “No somos como el PRI, PAN, PRD, Morena, MC y PT. Rechazamos sus vicios y componendas. Rechazamos gran parte de lo que hemos sido por una idea renovadora: más y mejor democracia. Más espacios de participación. Equidad entre hombres y mujeres.

Mayor representatividad. Mayor participación ciudadana”. El Frente debe rechazar la noción de que un partido es sólo un amasijo de intereses. No es eso lo que ahora se nos ofrece. ¿Cómo entonces van a capturar el interés de los electores? ¿Con el miedo a Morena y el repudio al PRI? ¿Por qué no promover la esperanza de una profunda transformación de nuestra vida política? Vicente Fox fue inútil para llevar a cabo esta transformación: traicionó la transición democrática. Necesitamos recuperar ese impulso.

Se ha dicho que el Frente privilegiará los acuerdos y encorchetará para un mejor momento las agendas divergentes. Pero hay puntos torales que no pueden permanecer encorchetados. Me referiré a uno solo, pero hay varios: el tema de la seguridad. Nuestro contexto es el de una atroz matanza cotidiana. Ya casi no los registramos: veinte muertos hoy, treinta mañana. Levantamos los hombros ante los muertos y seguimos de frente. Una de las causas de la inseguridad es el combate al narcotráfico. El PAN tiene puntos encontrados con el PRD y con la sociedad civil organizada. ¿Qué se va a hacer en este caso? No es posible posponer las diferencias porque la situación es de emergencia nacional.

Hasta ahora el Frente no es ni ciudadano ni democrático. Pero debe serlo. De lo contrario, la confianza que los mexicanos depositamos en la democracia como mecanismo de transformación terminará por evaporarse, y lo que sigue de eso, no lo dudemos, será un futuro de autoritarismo y frustración.

Twitter: @Fernandogr

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