Opinión

Una verdadera reforma energética


 
Ahora que el Congreso aprobó la reforma fiscal, así como el presupuesto para el año fiscal 2013, nuestros legisladores se encuentran concentrados en las discusiones sobre la reforma energética. A diferencia del presupuesto, en el caso de la reforma energética no existe una fecha límite.
 
 
No obstante lo anterior, analizando los avances, así como el entorno político y las fechas “clave”, estimo que la reforma energética tiene una probabilidad de 70 por ciento de ser aprobada antes del 15 de diciembre, de 29 por ciento de ser aprobada durante el primer trimestre de 2014 y 1 por ciento de no ser aprobada. En este sentido, por un lado veo una probabilidad muy alta de aprobación y además, que dicha reforma sea aprobada muy pronto. Por otro lado, considero que se va a aprobar una reforma “de gran calado”. Creo que el Poder Legislativo va a aprobar una reforma intermedia entre la que presentó el Ejecutivo -y que apoya el PRI-, y la que presentó el PAN. Sobre todo en el tema más relevante, el esquema de contratación.
 
 
En este sentido, me refiero a que no quedará el esquema de concesiones que propuso el PAN -que es el más ambicioso políticamente hablando-, ni los contratos de “utilidad compartida” que propuso el presidente Peña Nieto. Los conocedores de este tema “a profundidad”, claman que lo mejor es tener un abanico de esquemas de contratación, en lugar de optar por uno u otro mecanismo en particular, para poder utilizar el que quede más acorde con el binomio riesgo-rendimiento que desean lograr las empresas.
 
 
No obstante lo anterior, si el tema es escoger alguno de estos esquemas, existe evidencia empírica de que el que probablemente atraiga menos inversión, sea el de utilidad compartida. Entonces, lo que creemos es que los legisladores del PAN y el PRI aprueben esquemas de contratación de producción compartida, así como un marco de licencias, que serían muy similares a las concesiones, pero con algunas diferencias entre las que se precisamente se incluye el no llamarse “concesiones”. En este sentido, me encuentro muy optimista en que muy pronto el sector privado pueda invertir en exploración, extracción, distribución y petroquímica básica con gas y líquidos provenientes de aguas someras y pozos terrestres.
 
 
Pero más importante aún, estoy optimista respecto de las grandes reservas contenidas en las formaciones de lutitas y aguas profundas, que prácticamente no han sido explotadas. Con esto, estimo que el PIB potencial de México podrá crecer un punto porcentual en el largo plazo (es decir, 4 por ciento, en lugar de 3 por ciento actualmente), cuyo reflejo en el PIB durante algunos años puede llegar a ser hasta de 5 por ciento, a partir de que los pozos comiencen a producir. Como comenté hace algunas semanas, haber aprobado una reforma fiscal subóptima no significa que el gobierno actual no sepa lo que hace, sino que está apostando por una reforma energética que revolucione la industria petrolera en México y genere tasas de crecimiento mucho más altas en los próximos años, a pesar de que esto haya representado la aprobación de una reforma fiscal menos ambiciosa.
 
Twitter: @G_Casillas