Opinión

Una tragedia más

   
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Lo ocurrido en Venezuela es una gran tragedia. En los 18 años transcurridos desde la toma de posesión de Hugo Chávez como presidente, ese país ha pasado de ser el más rico de América Latina a competir con Haití en muchos aspectos. Y todo lo ocurrido es resultado de las políticas impulsadas por Chávez, que han estallado en manos de Maduro.

Lo de Venezuela es de libro de texto. Ese país se convirtió en el más rico del continente a partir del descubrimiento de petróleo, en 1921. Desde entonces, el ingreso por habitante del país fue entre dos y tres veces mayor al del resto de países latinoamericanos. Como ocurrió con otras naciones de Sudamérica, el poder se distribuyó entre dos grupos que se alternaban la presidencia. La riqueza, también como en el resto del continente, se concentró en pocas manos. Me comentaba un miembro de la élite venezolana cómo en los años de bonanza (fines de los setenta), una de las importaciones más grandes del país era de agua. Agua de Escocia, de cada uno de los lugares en donde se produce whisky, que es la bebida nacional de Venezuela. Como saben los amantes de ese licor, no se le debe agregar agua de otro lugar. Tanto dinero había, que podía desperdiciarse en eso.

Veinte años después, Hugo Chávez ganó las elecciones, luego de haber intentado un golpe de Estado, sin éxito, y haber recibido atenciones del gobierno que le permitieron la popularidad necesaria para su triunfo electoral poco después. Muy parecido al trato recibido por Fidel Castro después del ataque al Moncada, por cierto.

Desde su llegada al poder, Chávez fue claro en lo que quería hacer: construir el socialismo del siglo XXI y exportarlo al resto de América Latina. Eso le exigía gobernar por varias décadas, de forma que poco a poco fue armando la dictadura. Nada tonto, fue comprando el apoyo de otros gobiernos: Ecuador, Bolivia, Nicaragua, Argentina, Brasil. Los primeros, a cambio de apoyo en efectivo; los otros, porque también decían ser socialistas. En todos los casos, lo que se hizo fue dilapidar recursos en la compra de apoyo popular, regalando dinero. Mientras estuvimos en el ciclo alcista de los commodities, funcionó.

A partir de 2014 empezaron los problemas. En Venezuela ya no había dinero, y pronto no hubo Chávez. Ni siquiera él habría podido sortear la situación, pero Maduro es sumamente incapaz, y las cosas han empeorado notoriamente. Su gobierno no ha caído porque los militares tienen miedo de ser acusados internacionalmente, y lo sostendrán hasta conseguir un salvoconducto. Lo pagan los venezolanos.

Venezuela, le decía, es de libro de texto. En todas partes ha sido lo mismo: un gobierno que dice preocuparse por los más pobres en realidad lo que hace es construir una dictadura, subordinando a otros poderes, comprando a los más pobres con migajas, y corrompiendo a los demás. Así fue en América Latina con los regímenes populistas originales (Cárdenas, Perón), los socialistas (Cuba, Chile bajo Allende, Nicaragua, Venezuela). Así fue también con la Unión Soviética, sus satélites europeos, China, etcétera.

Ignoro cuánto tiempo sea necesario para entender que la promesa del socialismo es incumplible. Su carácter religioso hace muy difícil una evaluación racional. En todas las ocasiones en que se ha intentado, el resultado ha sido un gobierno dictatorial y una economía destrozada. En todas. Algunos quieren confundir, usando como ejemplo a la socialdemocracia europea, que en realidad tiene un origen totalmente distinto de los experimentos socialistas. Por todo ello, cualquier oferta política basada en promesas de ayuda a los más pobres y con características religiosas es preocupante. Más aún si muestra tendencias autoritarias. Atentos.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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