Opinión

Una telenovela con muchos villanos

 
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En los 90 el amor por los tratados de libre comercio fue de telenovela. No hubo país que no haya querido abrazar al galán del momento. Pero los tiempos cambian y el galán ya no tiene el mismo carisma para enamorar. Ahora, los TLC se ven mal y crece la indignación entre la masa de antiguos enamorados, porque muchos se sienten engañados.

David Ricardo fue un buen guionista del libre comercio. En su visión, cada nación podía especializarse en lo que hacía mejor (ventaja comparativa). Cada sociedad obtendría mercancías de las naciones más competitivas y vendería sus igualmente competitivos productos a esas naciones. Los precios bajarían, la calidad aumentaría. Todas las economías crecerían y se generarían más y mejores empleos.

Pero Ricardo funciona bien en una telenovela ceteris paribus, donde la trama siempre permanece constante. Cuando uno introduce un cambio en esa característica, la trama perfecta se desmorona. Introduzcamos, por ejemplo, cuentas bancarias secretas o los paraísos fiscales como villanos. Estos no existían en la época en que Ricardo escribió el guión. Adiós amor eterno.

Las cuentas secretas y los paraísos fiscales han hecho que naciones como Suiza y Panamá reciban billones de dólares de empresarios del mundo que antes, en la telenovela de David Ricardo, invertían las utilidades en sus propios países mejorando la calidad de vida de sus habitantes.

En términos generales, poco parecería haber cambiado en la trama cuando uno la mira por encima. Al cabo, la situación económica global ha mejorado porque se ha producido más riqueza a nivel mundial.

Panamá, por ejemplo, ha crecido 8.0 por ciento en promedio en los últimos 10 años. Pero cuando se mira con detalle, los villanos han hecho explotar el equilibrio fino de la telenovela amorosa. Las naciones de donde sale el dinero reducen su crecimiento potencial, el desempleo aumenta y los salarios se achican. Los ciudadanos suizos o panameños, en cambio, dispondrán de más recursos que redundará en mejores condiciones de vida. El balance perfecto del libre comercio de David Ricardo ha caído. La telenovela ha girado hacia el drama primero y, pronto, hacia la serie de terror.

Ahora piense en aquellos que se quedaron sin trabajo cuando los villanos atrajeron el capital de los empresarios. No están del mejor humor: para ellos, el libre comercio (que abre las puertas a otros más listos) y los beneficios de los ricos (que tienen ventajas que un pobre no posee) los han dejado sin empleo. Pronto tendrán serios problemas para pagar las cuentas, el seguro de salud, enviar a los niños a la escuela. Si no hay un Estado capaz de crear redes de contención, esas familias estarán en caída libre en poco tiempo. Y dado que los gobiernos pierden recaudación fiscal gracias a los villanos, esas redes de contención disminuyen o de plano desaparecen.

Por supuesto, esta es una versión simplificada del problema. Este es mucho más complejo. Apenas introduje una variable como villano (las cuentas secretas), pero piense por un instante en las múltiples otras que hay. Por ejemplo, en la telenovela de David Ricardo una nación sólo podía volverse más competitiva utilizando sus capacidades propias (y reales), pero hoy una nación puede serlo con mecanismos artificiales (manipulando sus monedas) como una devaluación (China) o tasas bajas de interés (Estados Unidos).

¿Cómo termina esta telenovela? Ese es el asunto: jamás acaba. Pero seguro que en los próximos años tendremos capítulos intensos y emocionantes.

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