Opinión

Una sociedad indiferente (caso Haití)

   
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Migrantes africanos y haitianos en mexicali. (cuartoscuro)

La hambruna acecha a Haití por la destrucción del sur agrícola provocada por el huracán Matthew, mientras padece una crisis de cólera sin que llegue ayuda humanitaria internacional.

“La señora (en un hospital sin medicinas ni infraestructura) no habla, sólo mira al suelo, mientras su hija explica que en su poblado, llamado Tiburón, las personas fallecen por decenas infectadas por el cólera”, narra Misael Zavala, enviado de El Universal al sur de Haití.

En nuestra frontera norte miles de haitianos viven “entre basura, restos de comida, casas de campaña y también en medio de un peligroso hacinamiento”, escribe desde Tijuana el corresponsal de EL FINANCIERO, Eliud Ávalos.

Al mundo no le importa. A la sociedad mexicana tampoco. Nos ha dejado de doler el dolor ajeno.

De acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Migración, cerca de 14 mil haitianos han cruzado nuestra frontera sur este año, rumbo a Estados Unidos, provenientes en su mayoría de Brasil, donde trabajaban en la industria de la construcción y se acabó el empleo.

Esas personas han atravesado diez países sudamericanos y centroamericanos en las peores condiciones de vida, sin un peso en el bolsillo, con hambre, enfermedades.

Cuenta Lovita Pérez a EL FINANCIERO: “salí de Brasil el 17 de abril con mis tres hijas, dos niñas y un varón. Hicimos mucho tiempo. Nos robaron el dinero que teníamos en Colombia. Ha sido duro porque pasamos siete días caminando entre Colombia y Panamá (la selva del Darién). Yo no tengo familia en Estados Unidos, pero sí amigos de buen corazón que me han ayudado a llegar hasta aquí (Tijuana).”

Alrededor de once mil han llegado a Tijuana, de los cuales ocho mil ya cruzaron a Estados Unidos donde les espera a deportación a Haití: a la hambruna y al cólera.

Han sido informados por el Instituto Nacional de Migración de su derecho a solicitar asilo o refugio en México, pero su destino es Estados Unidos.

Sin embargo, desde hace dos semanas el 'muy humanitario' gobierno de Barak Obama decidió restablecer las deportaciones de haitianos, suspendidas desde el terremoto de 2010.

En Baja California algunas agrupaciones empresariales y de la sociedad civil donan alimentos para los haitianos, pero eso ha sido todo.

Allá en Haití la gente simplemente se muere, o se va a morir, por falta de comida, agua, medicinas. No hay atención internacional.

La desgracia, con rostros resecos por la adversidad, desfila ante nuestra mirada por las pantallas de televisión y las páginas de los periódicos, y no reaccionamos.

Ninguna organización de nuestra tan activa 'sociedad civil' ha tomado la iniciativa para organizar un cargamento de medicinas rumbo a Haití.

Requieren con carácter de urgente paracetamol, amoxicilina, metronidazol, diclofenaco, gentamicina, hidrocortisona en crema, gasas, vendas, antibióticos, antidiarreicos, jeringas, guantes de látex, antisépticos, termómetros.

Claro, hay que llevarla a la embajada de Haití, un país que no tiene gobierno desde hace casi un año, y quién sabe cómo y cuándo podrían llevar esas medicinas.

Son las organizaciones sociales mexicanas las que deben hacer acopio de los medicamentos y presionar para que un barco de la Marina los lleve, junto con comida y agua.

Hasta ahora ninguna de las asociaciones civiles mexicanas ha movido un dedo.

Nos hemos vuelto una sociedad indiferente, distinta a la que teníamos. Algo grave nos ha pasado. Qué tristeza.

Twitter: @PabloHiriart

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