Opinión

Una prensa aterrada convierte la economía en una obra de moralidad

Recientemente, el gran titular de primera plana del sitio en Internet del Financial Times (al menos en la edición estadounidense) llevó a un artículo sobre el Banco de Acuerdos Internacionales (BIS, por su sigla en inglés). De acuerdo con el FT, el banco está advirtiendo que “la orientación” (el intento por hacer bajar las tasas de interés de largo plazo prometiendo mantener bajas las tasas de corto plazo durante mucho tiempo) “podría poner el peligro al sistema financiero internacional”. Típico del BIS, pensé; los nomos de Basilea han estado consistentemente en contra de cualquier política que pudiera restaurar el pleno empleo, y han estado a favor del castigo hasta el fondo. Y me preparé para escribir en mi blog una dura crítica a la organización.

Sin embargo, pensé que primero debía revisar el informe real del BIS citado en el artículo, y no se parece mucho a la descripción del Financial Times. Sí, menciona riesgos posibles para la estabilidad financiera, pero también habla de los motivos de la orientación y de la necesidad de cierto tipo de estímulo no convencional; si de cierta forma parece tomarla contra la política, tiene más que ver con su dudosa eficacia que con una amenaza de perdición. En otras palabras, el factor miedo en este caso se relaciona más con el Financial Times proyectando sobre el BIS prejuicios propios que con el verdadero análisis del BIS.

Y eso, creo, es un indicador. La urgencia por aumentar las tasas (la explicación sigue cambiando, pero la exigencia sigue siendo la misma) está diseminada en la prensa financiera. ¿Por qué? Los siempre cambiantes motivos para una política nunca cambiante sugieren que realmente no estamos hablando de análisis de política. En cambio, estamos hablando de cierta mezcla de intereses de clase (los rentistas quieren sus rentas) y del deseo por ver a la economía como una moralidad (el dinero fácil se siente bien, por lo que debe ser malo).

De cualquier forma, es bastante sorprendente. Y me preocupa que el incesante repique del tambor a favor de aumentar las tasas eventualmente desgaste a los banqueros centrales.


No prosperar y morir antes

Me complació ver el artículo de la reportera Annie Lowrey a principios de este mes en The New York Times documentando la creciente disparidad en la esperanza de vida entre los que tienen y los que no tienen (puede leerse aquí: nyti.ms/1guYGd5).

Sin embargo, resulta frustrante que aparentemente se presente como novedad no solo para muchos lectores, sino también para muchos legisladores y eruditos. Durante años, muchos economistas han estado intentado transmitir este punto; han intentado señalar que cuando la gente pide elevar la edad del Seguro Social y el Medicare, básicamente está diciendo que los porteros deben seguir trabajando porque los abogados corporativos viven más años. No obstante, nunca parece ser asimilado.

Tal vez este artículo cambie eso. Pero supongo que pronto volveremos a escuchar una vez más a un tipo supuestamente sabio que diga que en Estados Unidos debemos elevar la edad de jubilación a 67 años debido a la mayor esperanza de vida, ignorante de que a) la esperanza de vida no ha crecido mucho para la mitad de los trabajadores y b) ya hemos elevado la edad de jubilación a 67 años.