Opinión

Una muerte anunciada

La segunda muerte de Nazario Moreno, quien bajo el sobrenombre de “el más loco”, fundó y encabezó La Familia Michoacana y su transformación -para eliminar los negativos del nombre- en Los Caballeros Templarios, encierra dos misterios: ¿por qué el presidente Felipe Calderón autorizó el anuncio de que lo habían abatido sin tener la confirmación? Y, ¿hubo un acuerdo no escrito en el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto para que sus lugartenientes lo entregaran? Las respuestas no vendrán fácilmente, si acaso existen, pero hay suficiente información circunstancial que permite aproximarse a la verdad.

La historia comienza el 9 de diciembre de 2010 en Apatzingán, donde La Familia Michoacana vivía el microcosmos de su violencia. Una unidad de inteligencia de la Policía Federal detectó un convoy que salía de esa ciudad en la zona de Tierra Caliente en Michoacán, donde presumían iba el jefe del cártel, también conocido como El Chayo Moreno. Mientras lo seguían pidieron refuerzos, y al atardecer comenzó el enfrentamiento en la sierra. Soldados y marinos acudieron en apoyo, mientras que desde la ciudad de México, a través de un puente aéreo de la Policía Federal, se abastecía a las fuerzas federales con tres toneladas de pertrechos para la batalla que duró casi 24 horas.

Al día siguiente, el entonces vocero del gobierno, Alejandro Poiré, informó desde Los Pinos que Moreno había muerto. Poiré hizo el anuncio flanqueado por los voceros militares y pocos notaron en ese entonces que el secretario de Seguridad Pública Federal, Genaro García Luna, que siguió el combate en tiempo real a través de los sistemas de Plataforma México, nunca avaló lo dicho por Poiré. La información que se le entregó a Calderón eran imágenes de El Chayo cargado por sus escoltas, transmitidas por satélites estadounidenses, sin saberse si estaba herido o muerto. Comunicaciones de radio interceptadas al cártel sugerían que sí había sido abatido, pero no se recuperó el cuerpo.

La falta del cuerpo impidió una certeza al 100 por ciento en el gobierno de Calderón que Moreno estuviera muerto, pero fue una victoria que apresuradamente se quiso colgar el expresidente dentro de su estrategia de propaganda impulsada, apuntalada e irreversiblemente exigida por él. Lo que hoy se ha convertido en una pesadilla de opinión pública para su gobierno, no se corrigió en los últimos días de su gobierno, cuando surgieron dudas sobre su muerte. El 27 de noviembre de 2012 el Ejército encontró documentos en el rancho “Los Caballos”, cerca de Apatzingán, una de las propiedades de Los Caballeros Templarios -como se rebautizaron-, que sugerían que estaba vivo.

Calderón, Poiré y varios miembros de su gobierno estaban convencidos que El Chayo había muerto, lo que se inscribía en lo que llamaron “la narrativa” de la lucha contra la delincuencia organizada. En la primavera del año pasado, todo se les empezó a colapsar. Fuentes del más alto nivel aseguraron que Moreno no había muerto y estaba al frente de los Templarios.

Los primeros indicios sólidos en el gobierno de Peña Nieto surgieron en mayo de 2013, cuando informes de inteligencia revelaron que se había celebrado una reunión en Apatzingán donde El Chayo convocó a líderes políticos y empresariales de la región para hablar con ellos. Nadie de quienes se presume acudieron confirmó esa reunión, pero una alta fuente del gobierno federal ratificó que quien había dicho Poiré que estaba muerto, “está vivo.”

En octubre del año pasado hubo otra información que trascendió de los mandos del Ejército. Servando Gómez Martínez, La Tuta, uno de los jefes de Los Caballeros Templarios, transmitió un mensaje de que estaba dispuesto a entregarse. Semanas después difundió un video en YouTube donde ofrecía una negociación al gobierno. En secreto, en los mandos castrenses se evaluó la forma como abrir esa puerta de salida de la organización para La Tuta, pero también tenían claro que con Moreno no habría posibilidad de ningún acuerdo, por lo que habría que enfrentarlo hasta “sus últimas consecuencias”.

Este domingo, el gobierno de Peña Nieto confirmó que el fin de semana había sido abatido “el más loco” en un enfrentamiento con la Marina. Lo enfrentaron, en efecto, hasta las últimas consecuencias, con lo cual se cerró el capítulo de Moreno, pero deja pendiente el futuro de La Tuta, uno de los dos jefes actuales del cártel michoacano -el otro es Enrique Plancarte-, que es el más mediático de todos Los Templarios, y sobre quien el destino, tras la muerte de su jefe, parece sellado.