Opinión

Una mentira de las de antes

Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil recibió en casa la edición de noviembre de la revista Quién dedicada a “los 50 personajes que transforman a México”. Comunicadores, periodistas, celebridades, socialités, empresarios, deportistas, escritores, cantantes, cocineros, activistas. Los editores presentan así su número especial: “Quién 50 se realiza desde hace seis años con una seria metodología en la que participan 25 jurados de distintos ámbitos para recopilar a los 50 personajes que más han influido de una manera constructiva a la transformación positiva del país en el último año y a lo largo de su trayectoria”.

Diantres, los editores necesitan un editor, pero Gil no va a detenerse en naderías. Así se enteró Gamés de que Alejandro Fernández, El Potrillo, ha “influido de manera constructiva en la transformación positiva del país”.

Más de acuerdo no podría estar Gilga: canciones como “Me dediqué a perderte” y “Si tu supieras” han cambiado a México. Y qué le dicen a Gil de “No sé olvidar”. Estas bellas canciones con sus melodías son muy positivas. Gil propone al Potrillo como candidato del PRD al gobierno de Guerrero. ¿Cómo la ven? Sin asomo de albur.

Gil cantó el himno que acompañó a las reformas estructurales del presidente Peña: “y yo no sé olvidaaaar como lo hiciste túuu, te has quedado clavada en mi pecho, como si fuera ayer; no sé cómo arrancar, tus besos de mi piel; eres tu mi obsesión mi tormentooo!”. Etcétera.

Ciudadana y activista

La edición funámbula de la revista Quién le trae en la portada a tres personajes: Alejandro Ramírez, dueño de Cinepolis; Martha Debayle, comunicadora radiofónica, o lo que sea y, al centro, Denisse Dresser, como lo oyen. Ella, Denisse, luce un peinado de no menos de seis mil pesos y un vestido rojo encendido que realza su distinción. El maquillaje es un poema y el lápiz labial logra un perfecto maridaje con el color del vestido. Dos largos pendientes señalan su altivo cuello y hace juego con un discreto anillo, que no es de casada, por cierto.

Cruzada de brazos nos sonríe, como si viviera en otro país, o ella fuera otra persona. La señora Dresser figura como un personaje que “ha transformado positivamente a México” y la han incluido en el rubro “activismo ciudadano y servicio público”. Oh, sí.

Gil sabe que existe otra señora Dresser; sí, una académica y periodista que todos los lunes dinamita al régimen en su periódico Reforma. Dresser no escribe, grita ¡auxilio! en cada párrafo; Dresser no analiza, denuncia con gran éxito la corrupción; Dresser no retrata lo que ocurre en la vida pública, incendia la página en la cual aparece su prosa (es un decir), ella odia a la impunidad, detesta el desastre mexicano, llora por el regreso del PRI al poder; se da golpes de pecho y conversa largo y le da consejos a Ebrard. Pobre Marcelo, con razón. Ella escribe sobre la tragedia de Ayotzinapa, ella escribe de los disturbios de Guerrero, ella escribe y escribe sin parar.

A Gamés no lo engañan, esa otra señora Dresser no es la misma que le sonríe, feliz y contenta, al exclusivo público de la revista Quién. Oh, no, malas noticias: le informan a Gilga que se trata de la misma persona, pero con una personalidad escindida. Dioses, ¿qué haremos ahora?, ¿saludar a la activista o a la socialité? Gamés se pone bíblico: vanidad de vanidades, dijo el predicador, vanidad de vanidades, todo es vanidad. ¿Alguien dijo doble moral? ¿Quién fue? Que levante la mano. Gil les recuerda, por si fuera necesario, que la moral es un árbol que da mareos.

Amor perro

El equipo de cuatros bellas investigadoras y asistentes que ayudan a que Gil ronde la exactitud, mju, le dejaron esto en el escritorio de finas maderas. La columna se llama 'Cuándo éramos huérfanos'; se publicó en su revista Proceso el 30 de julio de 2006 y en ella Denisse Dresser escribió: “amo a México con un amor perro (…) vivo de mi trabajo y puedo mantener a mi familia con él (…) Algo está mal cuando las personas que trabajan para mí –la nana y el chofer y el jardinero– no tiene ninguna expectativa de ser más de lo que son hoy”.

A Gil se le llenaron los ojos de lágrimas, arrasados, dos gruesas gotas surcaron sus mejillas. Dresser tiene razón “La nana, el chofer y el jardinero” seguirán siendo para toda la vida la nana de sus hijos, el chofer que la lleva y la trae y el jardinero que corta el césped de su casa. En esto Gil coincide pues sus caballerangos siempre serán eso, caballerangos, lo mismo que sus caballos; el caddy que lo transporta de hoyo en hoyo (no empiecen), siempre será un caddy; el portero, siempre el portero que recibe a la visitas. Pinche gobierno, Dresser, no se vale. Maldito PRI. Ricos miserables. Denisse debería escribir una columna que se titulara así: 'Cuando éramos unos fanfarronazos'.

La máxima de Nietzsche espetó en el ático de las frases célebres: “Nada más hipócrita que la eliminación de la hipocresía”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX