Opinión

Una lección desde Islandia: tener moneda propia conlleva sus beneficios

 
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Paul Krugman. Una lección desde Islandia: tener moneda propia conlleva sus beneficios.

Una de las principales lecciones de la crisis del euro es que el economista Milton Friedman tenía razón; no con respecto al monetarismo, sino con relación al caso a favor de los tipos de cambio flexibles. Cuando es necesario hacer ajustes grandes en los precios y salarios de un país con respecto a los de sus socios comerciales, es mucho más fácil lograr esos ajustes a través de una depreciación monetaria que vía deflación relativa, motivo principal por el que el euro ha tenido grandes costos.

Pero muchos economistas siguen mostrándose profundamente reacios a aceptar este punto. Y así, en el sondeo de Islandia de Thorvaldur Gylfason (por lo demás útil) desde la crisis financiera, tenemos esto: “En Irlanda, el nivel de poder adquisitivo (del ingreso nacional bruto) per cápita de 2007 fue restaurado un año después que en Islandia, en 2014”, escribió el Sr. Gylfason recientemente en VoxEU.org. “Por tanto, no es cierto que tener moneda propia (que perdió un tercio de su valor en términos reales durante la crisis) haya salvado a Islandia del lamentable destino que Irlanda habría sufrido porque Irlanda está anclada al euro. Irlanda se ajustó por otros medios. Islandia, de haber usado el euro, podría haber hecho lo mismo. La corona islandesa había perdido 99.95 por ciento de su valor con respecto a la corona danesa desde 1939, cuando ambas monedas eran equivalentes, convenciendo a muchos observadores locales de que Islandia está lista para la adopción del euro”, indicó.

Primero que nada, ese comentario sobre la depreciación desde 1939 (¡1939!) es un golpe bajo. ¿Pero qué hay respecto a la comparación con Irlanda? Es cierto que el Producto Interno Bruto (PIB) per cápita de Irlanda (en este caso, usar el producto nacional bruto no marca mucha diferencia) volvió a su nivel de antes de la crisis poco después que el de Islandia. Pero el PIB no es el único indicador, y es un indicador discutiblemente distorsionado por la naturaleza del sector exportador irlandés, que resistió bastante bien y que es de uso intensivo de capital (piense en las farmacéuticas); esto es, aporta mucho al PIB, pero emplea a muy poca gente.

Si en cambio analizamos el empleo, a Islandia le fue mucho mejor que a Irlanda. Los datos sobre desempleo en Islandia también muestran un panorama mucho más favorable. De manera menos formal, todo mundo que conozco que estuvo siguiendo a ambos países siente que el costo humano en Islandia fue mucho menos severo que en Irlanda.

Y si recordamos, todo mundo esperaba que la crisis islandesa fuera mucho peor, dada la increíble escala de las extralimitaciones bancarias; al principio, las comparaciones entre ambos países eran consideradas en Irlanda como humor negro, no como algo esperado a tomarse en serio.

Entiendo la urgencia para hacer excusas a favor de la moneda única. Pero la evidencia verdaderamente sugiere que tener moneda propia conlleva ventajas importantes.

Twitter:@NYTimeskrugman

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