Opinión

Una lección de innovación de Alemania

Jil Lepore ha escrito un excelente artículo en el New Yorker desmitificando la excesiva publicidad de la “innovación desorganizadora” como clave del éxito en los negocios y en todo lo demás (léalo aquí: nyr.kr/1i5HGSw). No es un artículo engañoso; es, en cambio, una réplica cuidadosa donde la autora se remonta a los casos de estudio que supuestamente muestran la abrumadora importancia de las empresas incipientes innovadoras, y evidencia que lo que realmente ha sucedido no coincide con el guión.

Específicamente, muchas de las “empresas incipientes” de hecho eran firmas establecidas desde hace mucho, y en la mayoría de las veces los grandes beneficios no fueron para los innovadores desorganizadores, sino para las firmas que se enfocaron en el cambio gradual y en formas ordinarias de eficiencia y calidad.

Andrew Leonard, de Salon, informa que la gente de Silicon Valley no está complacida. Pero su molestia también nos dice por qué despegó esta cosa de la innovación desorganizadora: reviste de glamur a los negocios y deja que gente “nerd” se presente como héroe.

El mismo impulso, pienso, explica por qué el economista Joseph Schumpeter es tan citado. Si alguien lee sus cosas, son interesantes, supongo, aunque sus intentos por describir el ciclo de negocios fueron un desperdicio de papel. Pero esa frase glamorosa de “destrucción creativa” es la que popularizó su trabajo, porque es muy halagüeña para el gran dinero (y porque también disculpa mucho del sufrimiento).

La Sra. Lepore nos dice que la innovación se convirtió en una palabra de moda en la década de 1990. Supongo que pensé que había llegado mucho antes; escribí sobre modelos comerciales de ciclos de producto en la década de 1970, e incluso entonces estaba formalizando una bibliografía mucho más vieja. Y en el comercio, como en la competencia de negocios, no está nada claro que los grandes beneficios vayan para los que se deshacen del pasado e inventan cosas nuevas. ¿Cuál es la historia de exportación más notablemente exitosa? Seguramente la alemana; el país se las ingenia para ser una potencia exportadora pese a sus muy altos costos laborales. ¿Cómo lo hacen los alemanes? No lo logran ideando constantemente productos revolucionarios, sino produciendo artículos de muy alta calidad por los que la gente está dispuesta a pagar primas de precio.

Entonces, aquí les va una idea revolucionaria: quizás necesitamos desorganizar menos y, en cambio, esforzarnos más en hacer lo que sea que hacemos bien.

Éste es el punto clave de la notable historia de exportación alemana: la mano de obra de Alemania es muy cara, incluso comparada con la de Estados Unidos.

Y esto ha sido así durante décadas, y aun así Alemania es un exportador muy exitoso.