Opinión

Una hipótesis

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 [Arturo Monroy] Es fundamental instruir a los niños acerca de la relevancia de ahorrar y administrar sus recursos. 

Con base en el comportamiento de los mercados de los últimos 18 meses, que ya ayer describíamos de manera general, me parece que la mejor hipótesis para explicar lo que ocurre es que la economía mundial sufre de un gran desequilibrio producto de demasiada oferta. No le digo nada nuevo, porque ésta era la hipótesis de Ben Bernanke, aunque él la llamaba “saturación de ahorro”.

El ahorro puede verse también como la oferta de fondos prestables. Si hay demasiada oferta, entonces el precio del servicio que ofrecen se reducirá. Y ese precio es la tasa de interés. Por eso las tasas de interés han tenido una presión a la baja desde hace ya muchos años, que no ha sido fácil manejar para los bancos centrales. Con la crisis de 2009, una crisis de liquidez por pánico, la Fed inundó los mercados de más liquidez, y desde entonces hemos tenido una tasa prácticamente en cero. Lo mismo ha ocurrido más recientemente en Europa, y en Japón desde hace 25 años, con ciertos períodos un poco diferentes. Incluso hemos tenido momentos en que los bonos pagan tasas nominales negativas, y la gente los adquiere. Prefieren perder con certeza 0.25 por ciento en un año a tener el dinero en las manos.

Un exceso de ahorro privado implica presión para mantener un déficit en el gobierno, y eso es lo que ha ocurrido desde la crisis de 2009, pero también antes. Ese déficit se ha ido acomodando en cuestiones sociales, y un poco en otras cosas. El problema con este déficit es que se va retroalimentando, y después es muy difícil de controlar. Por eso el tamaño de las deudas de los gobiernos.

Con una tasa de interés de prácticamente cero, la economía mundial a duras penas crece, así que cuando la idea de que la Fed incrementaría sus tasas se fue fortaleciendo, entonces todo mundo se preocupó, y se repitió el fenómeno del último trimestre de 2008 y el primero de 2009, que también ocurrió alrededor de agosto de 2011, cuando se pensaba que Estados Unidos superaría el techo de endeudamiento. En ambos casos, en contra de la lógica, todos los inversionistas buscaron liquidez en dólares. Digo que en contra de la lógica porque si no se tratase de ese país, lo que buscarían los inversionistas sería deshacerse de la moneda. Si ese tipo de crisis hubiese ocurrido en México, venderían los dólares (como lo hicieron en 1995). Si fuese en Suecia, venderían coronas (como lo hicieron en 1991), y así en cualquier otro país.

No en Estados Unidos, que goza del privilegio exorbitante que le da tener la moneda de referencia internacional. Es y seguirá siendo el dólar el ancla del sistema financiero porque detrás de esa moneda está el país más poderoso militar y económicamente hablando. Se trata de la economía que derrotó a la URSS en los setenta (aunque nos enteramos hasta fines de los ochenta), a Japón a inicios de los noventa, y a China justo ahora. Ni el euro, ni el yen, ni mucho menos el yuan, pueden competir por el lugar del dólar.

Así que lo mejor que podría pasar es que la Fed anuncie, con su críptico lenguaje, que siempre mejor no va a mover la tasa. Eso permitiría, creo, un poco de estabilidad en los mercados, y una recuperación paulatina de monedas. No creo que sea el caso de bienes básicos (petróleo, hierro, cobre, etcétera) porque China ya perdió mucho ímpetu, pero cualquier cosa que modere el nerviosismo será bien recibida.

El autor es profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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