Opinión

Una guerra entre tribus

Por lo que nos ha informado hasta ahora la PGR, la tragedia de los normalistas de Ayotzinapa tiene su origen en el pleito entre grupos de la izquierda de Guerrero.

A la indispensable tarea del gobierno de encontrar a los 43 desaparecidos y hacer justicia con toda energía, debería acompañar una profunda reflexión de la izquierda acerca de hasta dónde pueden llegar sus conflictos intestinos.

Las tribus de la izquierda de Guerrero son las responsables de la desaparición y muerte de normalistas de Ayotzinapa.

Una de esas tribus, la que en Iguala encabezaba el alcalde José Luis Abarca, estaba copada por grupos criminales.

La versión del móvil de la tragedia que dio el procurador Murillo no ha sido desmentida, y conduce al conflicto entre las tribus.

Explicó el procurador que Abarca y su grupo mandaron reprimir a los normalistas de Ayotzinapa que se aproximaban a boicotear el evento de su esposa, la presidenta del DIF municipal María de los Ángeles Pineda.

Los normalistas ya habían estado en Iguala hace un año, para protestar por el asesinato de Arturo Hernández Cardona, líder de la coalición de agrupaciones Unidad Popular, con la que se identifican en la normal de Atyotzinapa.

Todavía se puede ver en videos de la prensa local cuando María de los Ángeles Pineda de Abarca encara a Hernández Cardona en Iguala y pretende agredirlo http://www.diario21.com.mx/?cmd=displaystory&story_id=111448&format=html.

El 30 de mayo del año pasado Hernández Cardona fue asesinado, presuntamente por el propio alcalde José Luis Abarca, de dos tiros de escopeta: uno en la cara y otro en el vientre.

Por eso el encono de los normalistas contra la pareja gobernante de Iguala, del conglomerado PRD-PT-MC.

En esta ocasión se desplazaron a 145 kilómetros (no 245) del poblado de Ayotzinapa, en autobuses secuestrados, para boicotear el evento de la esposa de Abarca, con quien tenían cuentas pendientes.

Y esa cuenta pendiente no era un asunto menor, sino el mismísimo asesinato del líder de Unidad Popular, Arturo Hernández Cardona, a manos de José Luis Abarca.

Hace unos días René Bejarano acusó al edil de Iguala, José Luis Abarca, de haber matado a Hernández Cardona.

Los normalistas, afines a esa corriente de organizaciones, le quisieron echar a perder el informe a la esposa de Abarca, que pertenece a otra tribu dentro de la izquierda guerrerense.

Para empeorar las cosas, los gobernantes de Iguala estaban aliados con grupos criminales (Guerreros Unidos), que tuvieron por encargo del alcalde y de su esposa desaparecer a los normalistas.

Del lado de los Abarca había criminales, y del lado de los normalistas hay vándalos que, como vimos este miércoles, destruyen oficinas, queman edificios y saquean comercios.

Por eso es urgente que la izquierda reflexione acerca de hasta dónde puede llevar su inveterada práctica de enfrentamiento entre tribus y facciones.

En esta ocasión uno de los bandos, el encabezado por el alcalde de Iguala y su esposa, aliado a grupos criminales, cometió la salvajada de desaparecer a sus rivales políticos que venían a estorbarle un evento.

El gobierno tiene que encontrar a los normalistas, a los responsables de la agresión y castigarlos con toda la dureza de la ley.

Pero es una perversidad escuchar y ver a personajes de la izquierda culpar “al Estado” por las desapariciones, cuando la tragedia fue la consecuencia del pleito entre sus tribus.

Twitter: @PabloHiriart