Opinión

Una gran oportunidad

 
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Pocas veces afrontamos a tiempo los problemas y los retos que las circunstancias nos van presentando. Tenemos la lamentable tendencia a ser impuntuales en todo. Esa impuntualidad tiene enormes costos para el país. Dejamos que los problemas crezcan, que las diferencias se acentúen y que las oportunidades se vayan frente a nuestros ojos.

Ejemplos hay muchos, pero basta con asomarnos a un par. La Ciudad de México se encuentra completamente rebasada en términos de movilidad. No es que súbitamente haya más gente o más coches. El problema se gestó durante años y optamos por no atenderlo en su momento. Desde su origen se sabía que el transporte público suficiente y eficiente era parte de la solución a un problema complejo y creciente, pero decidimos no hacerlo a tiempo.

La reforma educativa nos da otro ejemplo. La reforma que llegó hace tres años toca solo algunas aristas del complejo sistema educativo del país. Es una reforma tardía que no toca las partes sustantivas de la educación; no habla de lo que se enseña ni de cómo se enseña. El mundo está en la víspera de una Revolución Tecnológica que ocasionará grandes cambios en la forma en la que se produce y, en consecuencia, enormes distorsiones en el mercado laboral. El tema es complejo, pero independientemente de la forma en que la que queramos analizarlo, vamos décadas tarde. Y el mundo no espera. El cambio tecnológico no va a esperar a que nosotros estemos listos para enfrentarlo.

Durante años hemos visto cómo el norte y el sur del país se van separando. La distancia que existe en el desarrollo de ambas regiones no hace más que ensancharse cada año y a pesar de los recursos públicos que se han abocado a estas regiones, los resultados son mediocres.

En todos los países hay diferencias en el desarrollo de sus regiones. En el caso de México, esta diferencia es abismal. En prácticamente todos los indicadores el sur está más rezagado que el norte (incluyendo al Bajío). En términos de crecimiento económico per cápita, si usamos un índice en el que 1980 equivale a 100, en 2015 la región que comprende el Bajío y la frontera se encontraba en 151, mientras que el sur en 109. Gran disparidad que se traduce en enormes diferencias en la calidad de vida.

En 2014 la pobreza en el sur del país alcanzaba a 69.4 por ciento de la población, mientras que en el norte era de 30.1 por ciento. Entre 1990 y 2014 la pobreza había disminuido en el sur en únicamente 2.4 puntos, mientras que en el norte lo había hecho en 10.3. Hay más de dos años de escolaridad de diferencia entre la población ocupada del sur y del norte. Los resultados de la prueba Enlace también capturan esta distancia. Mientras en el norte el puntaje en 2013 para sexto de primaria fue de 527 puntos, en el sur fue sólo de 490.

El rezago es evidente en otros indicadores: en el sur hay menor acceso a telefonía móvil, menos carreteras pavimentadas, menos hogares con internet, menos viviendas con agua potable. No es de extrañar, entonces, que en el índice de competitividad del Imco, los estados del Bajío y la frontera estén muy por arriba del nivel que tienen Oaxaca, Guerrero y Chiapas.

Es en este contexto en el que surgen las Zonas Económicas Especiales, un proyecto que intentará que ciertas regiones del país aceleren el paso hacia el desarrollo y acortar las distancias. Tendrán que dar incentivos fiscales, acceso a infraestructura y lograr atraer el capital humano necesario que haga atractivo a las empresas llevar ahí sus inversiones. Habrá que coordinarse entre los varios niveles de gobierno −federal, estatal y municipal−. Habrá que simplificar los trámites y los requisitos para hacer estas regiones atractivas.

Es un reto enorme que representa una oportunidad de igual magnitud. Hoy, las diferentes organizaciones involucradas tienen la ventaja de construir algo nuevo. La mitad de las ZEE del mundo han sido exitosas. Hoy México debe analizar los casos de éxito, pero también los fracasos para no cometer los mismos errores.

Estos dos Méxicos de los que tanto se habla, en realidad son uno solo. Un solo país que vive realidades diferentes. Ojalá que todos los involucrados −legisladores, administradores, coordinadores, gobernadores− se den cuenta de la oportunidad que tienen para cambiar al país y que, por lo menos en esta ocasión, no la desperdicien.

La autora es profesora de Economía en el ITAM y directora general de México ¿cómo vamos?

Twitter: @ValeriaMoy

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