Opinión

Una gran oportunidad

 
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ALDF

“Bajaremos 50 por ciento el costo de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF)”, dijo César Cravioto, diputado electo y futuro coordinador de la bancada de Morena en el órgano legislativo de la ciudad de México. Prometió revisar el funcionamiento y costo de comisiones y comités y aplicar recortes en salarios y gastos.

Cravioto pone el dedo en la llaga de la causa de la creciente debilidad de los congresos en México: el exceso de dinero y burocratización de la mayor parte de los poderes legislativos que los ha corrompido y limitado su papel como contrapeso de los poderes ejecutivos. En los últimos años, muchos gobernadores aprendieron que es mejor llenar de prebendas y dinero a los diputados para que sean sus aliados en lugar de sufrir su independencia y sus denuncias y todas las molestias que acompañan a un sistema de separación de poderes. El modelo mexicano ha roto los pesos y contrapesos.

El caso de la ALDF es ejemplo de lo que no debe ocurrir. Primero, tiene el mayor presupuesto del país: mil 589 millones de pesos en 2015. Para el periodo 2009-2012 se aprobaron cinco mil 319 millones, cifra que resultó insuficiente ya que en ese mismo periodo hubo un sobreejercicio de 592 millones. Si ese dinero fuese bien usado sería una magnífica inversión, pero una porción se destina a pagar plazas de aviadores, a sostener un sistema excesivo de comisiones que dan pocos resultados, a pagar sobresueldos a legisladores y para las subvenciones a los grupos parlamentarios: una partida literalmente secreta que no se comprueba a pesar de que la ley lo exige y que en ocasiones se usa para el enriquecimiento personal o para pagar campañas políticas.

Aunque la ley de transparencia del DF obliga a los grupos parlamentarios a transparentar el uso y destino de las subvenciones, la han incumplido reiteradamente desde 2011 que se promulgó la obligación. El expresidente de la Comisión de Gobierno de la ALDF, hoy consejero jurídico, había prometido al inicio de su gestión en 2012 que esta Legislatura sería símbolo de transparencia. Incluso firmó convenios con varias organizaciones de la sociedad civil que, con el paso del tiempo, vieron con decepción que nada avanzaba. La Legislatura que concluye fue lo contrario: reflejo de opacidad, clientelismo, dispendio de recursos y mal desempeño.

La ALDF tiene 36 comisiones ordinarias (ocho más que el promedio de los congresos estatales y muy por arriba del promedio internacional de congresos nacionales que es de 17). Si se incluyen a las comisiones especiales y los comités, la cifra alcanza 54. Hay un problema serio de duplicidad de funciones entre diversas comisiones y comités. Como lo ha documentado Integralia, la mayoría de las comisiones y comités incumplen con sus obligaciones legales y reglamentarias, por ejemplo, aquellas de reunirse mensualmente y dictaminar en plazo las iniciativas que reciben.

Cravioto también ha propuesto revisar y eliminar los “etiquetados” que se aprueban los diputados. En los últimos años, en el ámbito del Congreso federal y muchas entidades del país, se ha gestado una muy mala práctica de que los diputados etiqueten recursos para obras y proyectos, entre ellas pavimentación, canchas deportivas y caminos rurales. Que lo hagan ha dado lugar a la industria de los “moches” porque es justamente esa función la que les ha dado poder para ofrecer recursos a ayuntamientos y gobiernos estatales a cambio de un pago. La función de un Congreso no es esa, sino vigilar que el presupuesto cumpla con las metas de desarrollo y que se gaste con eficiencia y honestidad.

Dice el futuro coordinador de Morena que una vez que hagan la limpieza en casa, pedirán que haya austeridad en otros poderes y órganos de gobierno. Magnífico. En medio de tantas malas noticias, hay una propuesta del principal grupo parlamentario de la ALDF que promete un cambio radical en la política clientelar del Distrito Federal. Ojalá se sostenga, porque las primeras resistencias pueden venir justamente de las bases de ese partido que han crecido acostumbradas al clientelismo que hoy Cravioto denuncia.

Ojalá el PRD, que por mucho tiempo fue campeón de la causa de la austeridad y de la honestidad, vea el desafío de Morena como un impulso para retomar su agenda histórica en contra de la corrupción y el abuso del poder. Sería una magnífica noticia para la ciudad de México y ejemplo para el resto del país.

Twitter: @LCUgalde

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