Opinión

Una fea forma de terminar una campaña

 
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Krugman.

The New York Times publicó recientemente una especie de artículo premortem en el que gente asociada con la campaña presidencial demócrata de Bernie Sanders se preguntaba si habrían obtenido una victoria de haber atacado a Hillary Clinton a nivel personal al principio de la contienda. Yo diría que probablemente no.

El fenómeno Sanders siempre dependió de dejar implícitos los ataques personales. En mayor grado de lo que generalmente se reconoce, los partidarios de Sanders se han sentido motivados por la percepción de que Clinton es deshonesta, lo que proviene —lo sepan o no— no de su comportamiento real sino de décadas de calumnias del ala derechista.

Sanders, en tanto, pudo jugar al purista orientado a los problemas, de hecho subiéndose gratis a las difamaciones de carácter de otras personas. Hubo mucha maldad del lado de los partidarios de Sanders, pero el propio candidato pareció estar por encima de todo.

Pero no bastó, en gran parte debido a los votantes no blancos. ¿Por qué estos votantes han sido tan partidarios de Clinton? Un motivo que no he visto que se exponga, pero que sospecho es importante, es que son más sensibles que la mayoría de los blancos a cómo funciona la maquinaria de la desinformación; a cómo se promocionan escándalos falsos y se vuelven parte de lo que “todos saben”. Sobre todo, han visto el torrente de mentiras dirigidas a nuestro primer presidente afroamericano, y sienten que no hay que creer todo lo que se dice.

Ahora, entonces, en un último intento desesperado por vencer a las matemáticas, la campaña de Sanders está volviendo explícito el ataque implícito, y lo está haciendo sobre el terreno más débil posible.

¿Clinton, quien ha dicho que el carbón está de salida, supuestamente es una herramienta de la industria del combustible fósil porque algunas personas que trabajan en esa industria le dieron dinero? Vaya.

No obstante, quizá pueda funcionar, aunque hay que recordar que Sanders necesita victorias abrumadoras en lo que queda de las primarias. El problema es que si no funciona, Sanders habrá pasado un par de meses validando los ataques republicanos a la candidata demócrata (o, si de alguna manera logra dar un increíble revés, alienando profundamente a muchos de los progresistas a los que él mismo va a necesitar).

Qué fea forma de terminar una campaña que supuestamente iba a ser positiva e idealista.

Twitter: @NYTimeskrugman

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